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Archivos Mensuales: abril 2010

Benedicto XVI subraya la necesidad de vivir en el universo digital

4/04/2010 17.09.03



Benedicto XVI subraya la necesidad de vivir en el universo digital con corazones de creyentes para dotar de alma al flujo comunicativo de la Red

Sábado, 24 abr (RV).- Hacia el mediodía el Santo Padre recibió en audiencia, en el Aula Pablo VI, a los seis mil participantes en el Congreso organizado por la Conferencia Episcopal Italiana bajo el tema ‘Testigos digitales’. Un encuentro que lleva la finalidad de actuar una participación de la Iglesia en los nuevos ámbitos comunicacionales multiformes para la promoción del testimonio pleno del Evangelio y la afirmación de la identidad y de la pertenencia cristiana mediante el intercambio y la confrontación, de la que se desprenderá un acercamiento común que difunda la Palabra de Dios en el ámbito de la cultura digital.

Al encuentro de esta mañana con el Santo Padre se han unido numerosos habitantes de la localidad de L’ Aquila, en una peregrinación que ha sido organizada por la Oficina para las Comunicaciones Sociales de esta diócesis italiana, que hace un año fue asolada por un terremoto de gran magnitud.

El encuentro dedicado a las formas digitales de comunicación, que ha culminado hoy con el encuentro del Papa, ha conducido a sus participantes a reflexionar sobre la presencia de la Iglesia en los modernos medios de información, dando continuidad a un itinerario emprendido en el año 2002 con otro encuentro, cuyo tema era “Parábolas mediáticas”, promovido por la Comisión episcopal de la Conferencia Episcopal italiana para la cultura y las comunicaciones sociales.

En el discurso que les ha dirigido y al saludar al presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, cardenal Angelo Bagnasco, – que instantes previos a las palabras del Santo Padre había pronunciado un discurso de agradecimiento – Benedicto XVI ha aludido al tema del encuentro de este año: “Testigos digitales. Rostros y lenguajes en la era de la encrucijada mediática”, subrayando que el tiempo en que vivimos conoce una enorme ampliación de las fronteras de la comunicación y realiza una inédita convergencia entre los diversos medios, haciendo posible la interactividad.

En efecto, sobre la red informática, el Santo Padre ha dicho que ésta, manifiesta una vocación abierta, tendencialmente igualitaria y pluralista pero, al mismo tiempo, marca una separación entre los que están incluidos en ella y los que quedan excluidos, y a esta separación se unen otros elementos, que alejan a las naciones entre sí y a la vez dentro de ellas. Así como aumentan los peligros de homologación y de control, de relativismo intelectual y moral, que son reconocibles en la disminución del espíritu crítico, en la verdad reducida al juego de opiniones, en las múltiples formas de degrado y de humillación de la intimidad de la persona.

Se asiste – ha señalado el Papa en su discurso a los participantes en el Encuentro “Testigos digitales” – a una contaminación del espíritu, que hace nuestros rostros menos sonrientes y más preocupados, que nos conduce a no saludarnos, a no mirarnos a la cara”.

Enfatizando el objetivo de este encuentro, el Papa ha recordado que su objetivo es el de reconocer los rostros y, por tanto, superar aquellas dinámicas colectivas que pueden hacernos perder la percepción de la profundidad de las personas. Cuando esto sucede, las personas permanecen cuerpos sin alma, objetos de intercambio y consumo.

Benedicto XVI se ha referido a los rostros y lenguajes en la era de la encrucijada mediática, evocando su Encíclica Caritas in veritate: «¿Cómo es posible, hoy, regresar a estos rostros? He tratado de indicar también el camino en mi tercera Encíclica. Ésta pasa por aquella “caritas in veritate” que refulge en el rostro de Cristo. “El amor en la verdad es un gran desafío para la Iglesia en un mundo en progresiva y expansiva globalización” (n. 9)».

Los medios pueden convertirse en factores de humanización no sólo cuando “gracias al desarrollo tecnológico, ofrecen mayores posibilidades para la comunicación y la información, sino sobre todo cuando se organizan y se orientan bajo la luz de una imagen de la persona y el bien común que refleje sus valores universales” (n. 73), ha recordado asimismo el Papa, citado nuevamente su encíclica.

Añadiendo luego que “es necesario que los medios de comunicación estén centrados en la promoción de la dignidad de las personas y de los pueblos, que estén expresamente animados por la caridad y se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural” (n. 73).

Únicamente bajo tales condiciones este pasaje de época que estamos atravesando puede revelarse rico y fecundo de nuevas oportunidades.

«Sin temores queremos adentrarnos en el mar digital, afrontando la navegación abierta con la misma pasión que desde hace dos mil años gobierna la barca de la Iglesia. Más que mediante los recursos técnicos, si bien éstos sean necesarios, queremos cualificarnos habitando también este universo con un corazón creyente, que contribuya a dar un alma al ininterrumpido flujo comunicativo de la red».

Benedicto XVI ha destacado que ésta es la misión irrenunciable de la Iglesia: la tarea de cada creyente que trabaja en los medios es la de “allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales. Ofreciendo a quienes viven éste nuestro tiempo «digital» los signos necesarios para reconocer al Señor (Mensaje para la 44a Jornada Mundial de las comunicaciones sociales, 16 mayo 2010).

El Papa ha destacado – citando el texto de su mensaje para la cuadragésimo cuarta Jornada Mundial de las comunicaciones sociales, que se celebrará el próximo 16 de mayo – que en la red, quienes trabajan en los medios de comunicación están llamados a colocarse como animadores de comunidad, dedicados a preparar caminos que conduzcan a la Palabra de Dios y expresar una particular sensibilidad por cuantos han perdido la confianza “preparando los caminos que conducen a la Palabra de Dios” y a expresar una sensibilidad particular hacia “quienes no creen y desconfían, pero que llevan en el corazón los deseos de absoluto y de verdades perennes”. De esta manera la red podrá convertirse en una especie de “patio de los gentiles” en el que se dé espacio “a aquéllos para quienes Dios sigue siendo un desconocido”.

En calidad de animadores de la cultura y de la comunicación, les ha dicho, sois signo vivo de cuanto “los nuevos medios de comunicación han entrado desde hace tiempo a formar parte de los instrumentos ordinarios de expresión y de contacto, mediante los cuales las comunidades eclesiales se expresan entrando en contacto con el propio territorio, instaurando en muchos casos, formas de diálogo con mayor alcance”.

Acto seguido el Papa ha citado algunas voces en este campo presentes en Italia. Ha recordado por ejemplo el diario de la Conferencia Episcopal Italiana, Avvenire, la emisora televisiva TV2000, el circuito radiofónico “in Blu” y la agencia de prensa SIR, junto con los periódicos católicos, a la red de los semanarios diocesanos y a los numerosos sitios Internet de inspiración católico.

Casi al final de su discurso ha exhortado a todos los profesionales de la comunicación a que no se cansen de nutrir en su propio corazón aquella sana pasión por el hombre, que tienda a un acercamiento cada vez mayor a sus lenguajes y su verdadero rostro. En esto, el Papa ha indicado como importante ayuda, la sólida preparación teológica y en particular la profunda y gozosa pasión por Dios, alimentada en el continuo diálogo con el Señor.

Sin olvidar a las iglesias particulares y los institutos religiosos, les ha alentado a no dudar en valorizar los recorridos formativos propuestos por las Pontificias Universidades, por la Universidad Católica del Sagrado Corazón y otras Universidades católicas y eclesiásticas. Asimismo ha subrayado la necesidad de que el mundo de las comunicaciones sociales entre de lleno en la programación pastoral.

Al final de su discurso el Papa ha invitado a los participantes en este encuentro a recorrer – animados por el valor que infunde el Espíritu Santo – los caminos del “continente digital”. Nuestra confianza – ha añadido – no está de forma acrítica puesta en un instrumento de la técnica; nuestra fuerza está en el ser Iglesia, comunidad creyente, capaz de dar testimonio a todos de la perenne novedad del Resucitado con una vida que florece en plenitud en la medida en la cual se abre, entra en relación y se dona con gratuidad.

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Publicado por en abril 24, 2010 en Uncategorized

 

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Una carta al hermano que no nació

Esta carta, basada en una experiencia de la vida real, fue escrita por una dirigente del movimiento pro vida, quien por razones obvias desea permanecer en el anonimato.

Mi querido hermano: Hoy, mientras me miraba alegremente en los ojos de mi pequeño hijito, me pregunté cómo es posible que alguien pueda hacerle daño a una inocente criatura como ésta que no puede defenderse, y lloré por todos aquellos bebitos que fueron abortados, y no tuvieron la suerte que tuvo mi hijo de poder nacer y ser acunado en los brazos de una madre que lo esperó con amor e ilusión.

Aunque no tuve la inmensa dicha de conocerte en esta tierra, te quiero mucho mi hermano, pues a través de los ojos del alma te he vislumbrado. Sé que de haber podido nacer, tendrías el pelo negro de nuestro padre y los ojos vivos y alegres de nuestra madre; quizás hasta te parecerías en algo a mí. En esta carta, la cual con el favor de Dios espero que los ángeles te hagan llegar, quiero pedirte que perdones a nuestra madre por no haberte permitido nacer. Verás; ella no sabía lo que hacía cuando fue a aquella mal llamada “clínica”, donde un médico sin escrúpulos; que sí sabía que abortar es matar; destrozó con la cureta tu pequeño cuerpecito que apenas comenzaba a formarse, y con él destruyó también el plan de Dios para ti. Nuestra madre, pobrecita, no supo lo que había hecho hasta pasados muchos años. Un triste día ambas contemplamos horrorizadas la realidad del aborto homicida reflejada en unas fotos, verdaderas pruebas de que el aborto es un crimen.

¡Qué dolor tan grande sentimos, querido hermano, al ver aquellas fotos por vez primera y comprobar cómo debió de haber quedado tu pequeño cuerpecito después del aborto que te privó de la vida; y el cual, aunque han pasado ya años, nuestra querida madre no ha podido olvidar! Hermanito, ella todavía sueña contigo, acerca de cómo serías, y yo a veces, cuando nos reunimos los demás hermanos en la mesa familiar con nuestros padres, siento en mi corazón tu ausencia que hace que el grupo esté incompleto y me pregunto cómo sería tenerte aquí con nosotros. Allá en el cielo, donde sé que gracias a la misericordia de Dios te encuentras, ruego a Él que te lleguen mis pensamientos, y te pido perdón en nombre de nuestra madre, a quien el inmenso dolor del arrepentimiento y la carga que ha llevado en su conciencia por tu muerte; no la han dejado expresar en palabras lo que de veras siente. Ruega a Dios por ella, pues aunque sabe que Él la ha perdonado porque no sabía lo que hacía, todavía te recuerda y piensa en lo mucho que te hubiera querido, si tú hubieras nacido. Pídele a Él por otras mujeres, para que no caigan en el mismo error que cayó mamá, por falta de conocimientos.

Yo por mi parte te prometo, que aunque no pude salvarte a ti del aborto, otros niños sí se salvarán por mis esfuerzos, pues trabajaré para llevarles a sus mamás el mensaje que la nuestra no recibió. Te quiere y te recuerda siempre tu hermana que espera, con el favor de Dios, encontrarse contigo algún día en la eternidad…

 
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Publicado por en abril 21, 2010 en Uncategorized

 

Pregunta del padre Marion sobre los divorciados que ha vuelto a casarse:

Card. Cristoph Schönborn

La alegría de ser sacerdote (Siguiendo al Cura de Ars)

    “Soy cura en Hautes-Vosges, pero estuve durante treinta y tres años en París, como capellán de los centros pedagógicos Madeline Daniélu fundados por la madre del cardenal Daniélu. Trabajé igualmente durante todo ese tiempo en la Radio Notre-Dame para la emisión Escucha en la noche. Una de las grandes gracias de mi vida es haber animado la vigilia en el Parc des Princes de unos cincuenta mil jóvenes con Juan Pablo II en 1980. Mi pregunta concierne a la misericordia: en nuestras parroquias, se nos pide ir hacia los más pobres, la Iglesia conciliar pidió que estemos atentos a los más pobres. Los más pobres no son solamente quienes no tienen medios para vivir, los excluidos, sino que para mi, porque lo veo constantemente, también son aquellos a quienes no les fue bien en el amor, los que encontraron dificultades en la vida de amor que habían comenzado, en el hogar que crearon. Para mí es un dolor profundo, tanto más si participan de la vida parroquial: tengo tres divorciados vueltos a casar que vienen a misa, van a comulgar también porque vinieron a verme. Para ellos es una necesidad y un ejemplo que dan a sus hijos. Ante este grave problema, quisiera tener algunas aclaraciones, si usted pudiera ayudarnos para tratar con misericordia a aquellos que tienen a menudo un corazón desgarrado, que quieren rehacer una vida a veces de mayor amor que la primera”.

 

    Me alegra poder compartir con ustedes este tema, aun cuando me encuentro ante las mismas perplejidades que ustedes. En Austria es muy común, entonces puedo decírselo con total simplicidad; yo mismo vengo de un hogar deshecho. Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 13 años. Se conocieron durante la guerra, durante exactamente tres días; mi padre estaba en el frente y sentía deseo completamente comprensible de tener a alguien en la casa mientras se encontraba en Stalingrado. Después de la guerra, pronto se dio cuenta de que ese hogar no había sido construido sobre bases sólidas; duró sin embargo hasta 1958. Puedo hablar entonces de esta realidad que conozco en propia carne, realidad que me rodea igualmente por todos lados, como a la mayoría de ustedes, al menos en nuestros países europeos o de América del Norte. América Latina conoce esta realidad muy similar, porque cuántos son los hombres que tiene tres o cuatro familias con las cuales viven en situaciones muy desordenadas. En todas partes, nos encontramos con dificultades en relación con esta realidad fundamental de la vida humana desde la primera página de la Biblia, que es la unión del hombre y la mujer para formar la familia, la transmisión de la vida.

    Los invito en primer lugar a una mirada de misericordia. Ustedes conocen esas biografías complejas, esas “patchwork families”, familias ensambladas.

    Acabo de tener un largo diálogo con un señor que está en su cuarto matrimonio, que tiene hijos de los tres primeros matrimonios. El cuarto matrimonio es finalmente un matrimonio que le salió bien, están juntos desde hace diecisiete años, y acaba de descubrir la fe luego de varios años. Se siente feliz de haber descubierto la fe en su vida, pero detrás de esto está el fracaso de sus tres primeros matrimonios. ¿Qué hacer con esa persona que finalmente descubre a Jesús, descubre la fe y está plenamente integrado en la parroquia? Esto es lo que pregunta: “ahora soy creyente, ¿puedo participar plenamente en la vida de la Iglesia con la recepción de los sacramentos?”.

    Creo que lo primero que hay que ver es que nosotros somos familias creyentes, familias unidas, somos la excepción en nuestra sociedad, no somos el caso normal. La normalidad en la ciudad de Viena es el divorcio, los nuevos matrimonios, las patchwork families, o más bien no volver a casarse regularmente. En Francia, gracias a los PACS, existe el matrimonio ligth; no son tanto las parejas homosexuales las que utilizan el PACS en Francia, sino la gente que elige un matrimonio más liviana, porque tienen miedo al peso del matrimonio, a sus obligaciones, al fracaso.

    Si viven muchas cosas buenas en esas patchwork families, en esas familias ensambladas. La primera condición para nosotros, sacerdotes, es no tener una mirada que juzga, sino una mirada de compasión por esos cónyuges o parejas que están en su tercera, cuarta, quinta vida en común, que tienen hijos por aquí y por allá, que vivieron abortos… No los olvidemos: se vive mucha generosidad en esas familias ensambladas, y no solamente en nuestras buenas familias que andan bien. Hay que mirar la caña que no se quiebra, la vela vacilante (cf Mt. 12,20) en esas situaciones de vida tan desordenadas desde un punto de vista objetivo. ¡Si no cambiamos nuestras miradas sobre esas situaciones, nos transformamos en secta! Somos una minoría y los matrimonios que duran –al menos en nuestras grandes aglomeraciones, pero también muy a menudo en el campo- que llevan una vida cristiana y comprenden el sacramento del matrimonio son una pequeña minoría. El número de matrimonios religiosos bajó de manera drástica.

    ¿Cómo vivir esa situación? Yo desarrollé para nuestros sacerdotes en nuestra diócesis un programa de cinco puntos: “Cómo acompañar espiritualmente, cristianamente, humanamente, a las parejas de divorciados-casados nuevamente”. Este tipo de cuadro de lectura, pasos de un proceso que puede terminar en una verdadera conversión, una verdadera renovación de la vida de fe:

  1. La mirada de Jesús sobre los pobres y los pequeños. ¿Quiénes son los pobres en esta situación de las patchwork families? No son quienes se han vuelto a casar, éstos han encontrado una nueva pareja, humanamente hablando, fuera de las reglas de la Iglesia, están ya en una situación en la que se pueden recuperar. Las primeras víctimas de nuestros divorciados son los niños. A quienes gritan con fuerza: “¡Oh! La Iglesia es dura con los divorciados que se han vuelto a casar”, les digo siempre: “¡No! La Iglesia se compadece de los hijos”. ¿Dónde está el lobby, el grupo de presión a favor de los hijos de los divorciados? ¿Dónde está la voz de la opinión pública que dirá: “las primeras víctimas son los niños”? Tienen papá y mamá, luego de golpe, tiene un “tío”, una “tía”, la compañera del papá, el compañero de la mamá, y ¿cuántas veces los divorciados colocan el peso de su conflicto matrimonial sobre las espaldas de sus hijos? Encuentro que hay allí un pecado grave, que, por nuestra parte, tenemos que recordar: “no hagan pesar sobre sus hijos sus propios conflictos. Sus hijos no deben ser rehenes de sus discusiones. Si los toman como rehenes, es un crimen para las almas de sus pequeños”. Cuando digo eso en una asamblea parroquial, se hace siempre un gran silencio. ¿Dónde está la misericordia por los hijos? Entonces, mi primera pregunta a los divorciados que se han vuelto a casar es esta: “¿Cuál es la situación de sus hijos? ¿Los hicieron sufrir con sus conflictos? ¿Qué daño les causaron? ¿Hicieron penitencia, han pedido perdón a Dios y a sus hijos por los perjuicios que les causaron?”. La mayoría de los niños sueña, consciente o inconscientemente, con que el hogar de sus padres se rehaga –yo sé de lo que hablo- aunque en su cabeza saben que eso no pasará nunca.
  2. ¿Qué sucede con aquellos que se quedan al margen, que no encuentran otra pareja. El divorcio crea soledades. Cuando uno se divorcia, no es automático que ella encuentre una nueva pareja, é quizás más fácilmente, pero ella se queda con los chicos. ¿Cuántas mujeres, pero también hombres, en nuestra sociedad, se quedaron al margen porque su pareja los dejó? Seguramente ustedes hablaron con vagabundos alguna vez, hombres y mujeres en la calle, sobre todo hombres de la calle. Pregúntenles cómo llegaron a eso, es casi siempre el mismo modelo: un divorcio, deben dejar el hogar, no tienen departamento, deben pagar la pensión de los hijos por alimentos, no les alcanza, están desorientados porque se encuentran sin hogar, comienzan a beber si ya no bebían antes y terminan como vagabundos. ¿Cuántas mujeres se quedan solas porque su pareja, su marido, las dejó para quedarse con una más joven? Nuestra sociedad está llena de la soledad de quienes se quedaron colgados, víctimas de un divorcio. ¿Quién habla de ellos? El Evangelio está siempre del lado de los más débiles, de los pequeños, deberíamos llegar a ser los paladines, el lobby, los defensores de esos pobres solitarios que quedan, que no encuentran pareja. ¿La Iglesia no tiene misericordia con los divorciados que se han vuelto a casar? Muy a menudo el divorcio es una obra terrible de destrucción, incluso desde el punto de vista económico. Hay estudios apasionantes, sobre las dramáticas consecuencias económicas de los divorcios. ¿Cuántas pequeñas empresas se deshicieron que al mismo tiempo que las familias, que las llevaba adelante? ¡No! No se puede decir que la Iglesia no tenga misericordia si Ella mira a las víctimas: los hijos la pareja. ¿Ha habido al menos un esfuerzo de reconciliación con la compañera, compañero que se queda al margen, que se queda solo? ¿Qué quiere decir tener acceso a los sacramentos, si queda ese sufrimiento sin reconciliación, sin al menos un esfuerzo de reconciliación?
  3. La culpabilidad existe siempre en la historia de divorcio. ¿Las parejas han hecho un esfuerzo para llegar al perdón mutuo, o al menos a un comienzo de perdón, aunque más no sea para parar la guerra? ¿Cómo construir una nueva relación, una nueva unión sobre el odio, que quedó del primer matrimonio, un odio a veces empedernido? Nosotros que acompañamos a los divorciados, que se volvieron a casar, debemos hacer ese esfuerzo con ellos: “¿Hizo usted al menos un paso hacia su pareja, su marido, su esposa, después del divorcio?”.
  4. En nuestras comunidades tenemos familias, matrimonios que se mantienen juntos heroicamente, contra viento y marea, porque se han prometido fidelidad, porque creen en el sacramento. ¿Qué signos les damos nosotros los sacerdotes, los pastores, que hablamos todo el tiempo de esos. “Pobres divorciados que se han vuelto a casar”? Es verdad que debemos tener compasión por estos últimos, pero atención, no olvidemos darles aliento, reconocimiento, gratitud a los matrimonios que duran, porque tienen fe. Escuche el hermoso testimonio de un diácono, que recibió de su obispo la misión de ocuparse de los divorciados que se han vuelto a casar y de las parejas con dificultades cercanas al divorcio. Él atestigua que, por medio de un proceso de acompañamiento el Señor puede salvar matrimonios, parejas. Si en nuestras comunidades se pusieran más de relieve las personas que, de manera heroica defienden la fidelidad de su matrimonio y dan un ejemplo de lo que es la fidelidad de Dios hacia nosotros, eso animaría a los jóvenes, a no se pararse enseguida, desde la primera dificultad, y a los menos jóvenes a resistir. ¿Cuántas veces vemos divorcios después de 25 años o hasta 40 años? ¡Acabo de vivir el divorcio de un diácono permanente, prácticamente el día de sus 25 años de matrimonio! ¿Qué importancia le damos a quienes permanecen fieles a las promesas de sus matrimonios? ¿Y qué le decimos a los divorciados que vuelven a casarse, si se lamentan de la dureza de la Iglesia? ¿Podríamos seguir marchando con ellos diciéndoles: “Miren a tal pareja que ustedes ven en nuestra comunidad, en nuestra parroquia, se mantienen firmes a pesar de todas las dificultades, ustedes no pudieron, fue un fracaso, pero al menos no acusen a la Iglesia de no tener misericordia, acúsense ustedes mismos en primer lugar y pidan la misericordia de Jesús, para ustedes y para todos aquellos que sufren a causa de su divorcio y de su nuevo matrimonio”.
  5. Siempre les digo a los divorciados que se han vuelto a casar: “aún cuando llegaran a una declaración de nulidad de su matrimonio, aunque su cura los admitiera, con dudas sin embargo, a recibir los sacramentos, porque su segundo matrimonio es una nueva realidad, porque ustedes tienen el deseo profundo de unirse a Jesús por el sacramento, en lo más profundo de su corazón: ¿Cómo están ustedes ante Dios, en su conciencia, en su corazón profundo? No se puede engañar a Dios, no se puede presentarle falsos pretextos”. Sé que es muy difícil saber cómo manejar esas situaciones, estos son los dos extremos que debemos evitar; en una diócesis vecina, un sacerdote puso un gran cartel sobre su iglesia: “Aquí todo el mundo puede comulgar”. No es una actitud pastoral, ni la actitud de un buen pastor, es una misericordia falsa porque hay que avanzar lentamente, todos tenemos necesidad de conversión. El otro escollo, es decir, que no hay ninguna solución para los divorciados que se han vuelto a casar; en ningún caso y nunca es la regla y hay que seguirla, es así, no hay nada que hacer. Eso tampoco es correcto. Hay que mirar cada situación de cerca como pastor. Sé que es muy difícil y muchos sacerdotes me dicen: “¡Padre Obispo denos reglas claras!” es decir, si: seguimos la regla de Jesús, el Evangelio, es muy claro. Un día estuve de visita en una parroquia y un señor se acerca a mí con mucha agresividad: “porque la Iglesia es tan dura, no tiene misericordia con los divorciados que se vuelven a casar”. “Querido amigo –le respondí yo- a la Iglesia le gustaría tanto tener una solución a ese problema. Pero hay por allí un cierto Jesús de Nazaret que dijo algunas palabras sobre ese tema, ¡qué dificultad!” Le cite entonces simplemente la palabra de Jesús: “Quien se divorcia de su mujer y se casa con otra comete adulterio”(Lc. 16, 18; Mc. 10, 11; Mt. 19,9). El hombre se quedo pálido y en silencio, esa palabra le toco directamente el corazón: “Ese hombre eres tú, Jesús te lo dice, rompiste la promesa de fidelidad que habías hecho”. Si llega ese momento allí la misericordia tomo su lugar: no puede situarse si no es antes la verdad. En la mentira la misericordia no tiene su lugar, mientras nos mantenemos en la acusación de los demás, la misericordia de Jesús no tiene lugar.

Hay entonces que ver en primer lugar si hay un camino de fe, conozco divorciados vueltos a casar –di un ejemplo en mi libro sobre la eucaristía- que aceptan esa situación de no poder confesarse, ni comulgar, por fidelidad a la enseñanza de la palabra de Jesús. Conté un hermoso ejemplo de una familia de campesinos, que conozco bien en nuestra diócesis, tienen 8 hijos, están divorciados y han vuelto a casarse. Los padres no se acercan nunca a los sacramentos, pero los hijos cuando van a comulgar dicen: “Mamá hoy yo voy por ti”. Cuando le pregunté: “¿Tiene usted la nostalgia de recibir la comunión?”, la mamá me contesto: “Seguro una gran nostalgia, pero cuando la gente de la parroquia me dice que hoy la Iglesia es más liberal y que yo podría comulgar a pesar de todo, le contesto: ocúpense ustedes más bien de quienes podrían comulgar y no comulgan y déjenme en paz”.

Son ejemplos heroicos y creo que es importante animarlos en su caminar que es una bendición para la Iglesia.

    Pero existen también quienes no llegan a una comprensión tan profunda. A menudo sufren profundamente por saberse excluidos de los sacramentos. Entonces las preguntas se hacen apremiantes, los pedidos insistentes: ¿no hay vías de reconciliación, cuyo matrimonio fracaso? Se nos propone “la solución” de las iglesias ortodoxa que aceptan hasta tres uniones con divorcio y nuevo matrimonio (aunque los nuevos casamientos no son considerados como plenamente sacramentales). La Iglesia católica no aprobó nunca esa práctica, ella mantiene fielmente la unicidad del matrimonio, y su indisolubilidad es un valor tan grande para el mundo, para la familia, para los hijos y para la pareja, que hay que mantenerse firmen y fieles a la palabra de Jesús: “Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”.

    No puedo darles una solución, una receta, para los numerosos casos de divorcios y de nuevos matrimonios. Pero les recomiendo los cinco puntos como un proceso de conversión y reconciliación. Y ese llamando a la conversión nos toca a todos. Ante aquellos cuyo matrimonio fracaso la palabra de Jesús, debe alcanzarnos: “El que no tenga pecado que tire la primera piedra” (Jn. 8,7).

 
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Publicado por en abril 18, 2010 en Uncategorized

 

GUERRA A LA IGLESIA

por MARCELLO PERA
Fuente: Corriere della Sera, Milán, 17-03-2010

 
¡¡¡Esta guerra al cristianismo, no sería tan peligrosa si los cristianos la advirtiesen!!!
 
Por su especial interés damos a conocer una carta al director del periódico Corriere della Sera firmada por Marcello Pera. Pera es Senador de la República Italiana y profesor de filosofía, no es católico. Escribió diversos libros sobre la identidad cristiana de Europa, entre los que destacan: Senza radici, Pera, Marcello y Ratzinger, Joseph, Ed. Mondadori, Milano 2004; Perché dobbiamo dirci cristiani, Ed. Mondadori, Milano 2008, con prefacio del Papa Benedicto XVI.-
Carta de Marcello Pera al Director del  Corriere della Sera, Milán, 17-03-2010, pag. 23. (Hemos resaltado algunos párrafos de la carta en negritas).
 
….. los sacerdotes pedófilos y el Papa
 
Estimado director:
 
          La cuestión de los sacerdotes pedófilos u homosexuales desencadenada últimamente en Alemania tiene como objetivo al Papa. Pero se cometería un grave error si se pensase que el golpe no irá más allá, dada la enormidad temeraria de la iniciativa. Y se cometería un error aún más grave si se sostuviese que la cuestión finalmente se cerrará pronto como tantas otras similares. No es así. Está en curso una guerra. No precisamente contra la persona del Papa ya que, en este terreno, es imposible. Benedicto XVI ha sido convertido en invulnerable por su imagen, por su serenidad, su claridad, firmeza y doctrina. Basta su sonrisa mansa para desbaratar un ejército de adversarios.
 
          No, la guerra es entre el laicismo y el cristianismo. Los laicistas saben bien que, si una mancha de fango llegase a la sotana blanca, se ensuciaría la Iglesia, y si fuera ensuciada la Iglesia lo sería también la religión cristiana. Por esto, los laicistas acompañan su campaña con preguntas del tipo «¿quién más llevará a sus hijos a la Iglesia?», o también «¿quién más mandará a sus chicos a una escuela católica?», o aún también «¿quién hará curar a sus pequeños en un hospital o una clínica católica?».
 
         Hace pocos días una laicista ha dejado escapar la intención. Ha escrito: «La entidad de la difusión del abuso sexual de niños de parte de sacerdotes socava la misma legitimidad de la Iglesia católica como garante de la educación de los más pequeños». No importa que esta sentencia carezca de pruebas, porque se esconde cuidadosamente «la entidad de la difusión»: ¿uno por ciento de sacerdotes pedófilos?, ¿diez por ciento?, ¿todos? No importa ni siquiera que la sentencia carezca de lógica: bastaría sustituir «sacerdotes» con «maestros», o con «políticos», o con «periodistas» para «socavar la legitimidad» de la escuela pública, del parlamento o de la prensa. Lo que importa es la insinuación, incluso a costa de lo grosero del argumento: los sacerdotes son pedófilos, por tanto la Iglesia no tiene ninguna autoridad moral, por ende la educación católica es peligrosa, luego el cristianismo es un engaño y un peligro.
 
         Esta guerra del laicismo contra el cristianismo es una batalla campal. Se debe llevar la memoria al nazismo y al comunismo para encontrar una similar. Cambian los medios, pero el fin es el mismo: hoy como ayer, lo que es necesario es la destrucción de la religión. Entonces Europa, pagó a esta furia destructora, el precio de la propia libertad. Es increíble que, sobre todo Alemania, mientras se golpea continuamente el pecho por el recuerdo de aquel precio que ella infligió a toda Europa, hoy, que ha vuelto a ser democrática, olvide y no comprenda que la misma democracia se perdería si se aniquilase el cristianismo.
 
          La destrucción de la religión comportó, en ese momento, la destrucción de la razón. Hoy no comportará el triunfo de la razón laicista, sino otra barbarie. En el plano ético, es la barbarie de quien asesina a un feto porque su vida dañaría la «salud psíquica» de la madre. De quien dice que un embrión es un «grumo de células» bueno para experimentos. De quien asesina a un anciano porque no tiene más una familia que lo cuide.
 
         De quien acelera el final de un hijo porque ya no está consciente y es incurable. De quien piensa que «progenitor A» y «progenitor B» es lo mismo que «padre» y «madre». De quien sostiene que la fe es como el coxis, un órgano que ya no participa en la evolución porque el hombre no tiene más necesidad de la cola y se mantiene erguido por sí mismo.
 
          O también, para considerar el lado político de la guerra de los laicistas al cristianismo, la barbarie será la destrucción de Europa. Porque, abatido el cristianismo, queda el multiculturalismo, que sostiene que cada grupo tiene derecho a la propia cultura. El relativismo, que piensa que cada cultura es tan buena como cualquier otra. El pacifismo que niega que exista el mal.
 
        Esta guerra al cristianismo no sería tan peligrosa si los cristianos la advirtiesen. En cambio, muchos de ellos participan de esa incomprensión. Son aquellos teólogos frustrados por la supremacía intelectual de Benedicto XVI. Aquellos obispos equívocos que sostienen que entrar en compromisos con la modernidad es el mejor modo de actualizar el mensaje cristiano. Aquellos cardenales en crisis de fe que comienzan a insinuar que el celibato de los sacerdotes no es un dogma y que tal vez sería mejor volver a pensarlo. Aquellos intelectuales católicos apocados que piensan que existe una «cuestión femenina» dentro de la Iglesia y un problema no resuelto entre cristianismo y sexualidad. Aquellas conferencias episcopales que equivocan en el orden del día y, mientras auspician la política de las fronteras abiertas a todos, no tienen el coraje de denunciar las agresiones que los cristianos sufren y las humillaciones que son obligados a padecer por ser todos, indiscriminadamente, llevados al banco de los acusados. O también aquellos embajadores venidos del Este, que exhiben un ministro de exteriores homosexual mientras atacan al Papa sobre cada argumento ético, o aquellos nacidos en el Oeste, que piensan que el Occidente debe ser «laico», es decir, anticristiano.
 
         La guerra de los laicistas continuará, entre otros motivos porque un Papa como Benedicto XVI, que sonríe pero no retrocede un milímetro, la alimenta. Pero si se comprende por qué no cambia, entonces se asume la situación y no se espera el próximo golpe. Quien se limita solamente a solidarizarse con él es uno que ha entrado en el huerto de los olivos de noche y a escondidas, o quizás es uno que no ha entendido para qué está allí.
 
         Marcello Pera
http://www.marcellopera.it

 
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Publicado por en abril 17, 2010 en Uncategorized

 

Carta de la señora madre del Capitán de Fragata (Post Mortem) Pedro Giachino, caído en Malvinas

Me dirijo a la Sra. Presidente de La Nación, como ciudadana argentina que se ha sentido ofendida por su calificación de perros, a los que no pensamos como usted.Si no me gustaran tanto los perros y estuviera en edad escolar, le respondería a la Sra Presidente , con aquella frase que utilizábamos cuando nos sentíamos tocados por algún insulto:MÁS… SERÁSSeguramente, la Sra. Presidente , acostumbrada a estar rodeada de pichichos, que mueven la cola, se paran en dos patitas, lamen su mano, cuando les tira una cascarita crocante como galletita, barrunta que la raza canina sólo ladra para defender a su amo o cuando tiene hambre.En este año del Fondo del Bicentenario olvida la Sra Presidente que esos perros mandamos a nuestros “cachorros”, hace muy poco, a Malvinas, a dar su vida con desinterés y entrega para defender esa Patria que le otorgó los privilegios que hoy detenta y de los cuales hace uso y abuso.Estos doscientos años, que intenta homenajear, supieron poner a La Argentina entre los grandes países del mundo y hoy su declinación es motivo de escarnio y burla, de aquellos mismos que la admiraron y no precisamente por los ladridos de los perros, sino por los aullidos de un pueblo harto de banalidades y revanchismos.Sus consideraciones zoológicas no son muy felices.Le aseguro que por más pollo que coma, no va a volar, (tal vez sí las vacas, que están por las nubes) y que si se atosiga con cerdo, lo que va a lograr es que le explote la otra carótida “al compañero de toda su vida”.Le saltó la derecha, si le salta la izquierda, se va poner la cosa a cara de perro (me refería a las carótidas, por supuesto).Creo, Sra Presidente, que su ofensa gratuita a los argentinos, de la cual exceptúa a los 101 dálmatas que la aplauden, es porque teme la aparición del “Mastín de los Baskerville” en medio de la noche sombría de su soledad y su ostracismo.Perro que ladra, no muerde, así que cabalgue serena, no busque los molinos de viento, que avizora en su desmesura y no ofenda más a sus compatriotas, a los cuales juró servir.De lo contrario, no va a tener un perro que le ladre PERO SÍ QUE LA MUERDA EN FORMA DE JUSTICIA.María Delicia Rearte De Giachino

 
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Publicado por en abril 10, 2010 en Uncategorized