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Archivos Mensuales: junio 2010

Fuerte alegato de una madre ante la Legislatura tucumana

 

  

San Miguel de Tucumán, 25 Jun. 10 (AICA)

 


Legislatura provincial donde se hizo la audiencia publica (foto; La Gaceta)

Al igual que en otras provincias, se realizó en la legislatura de Tucumán una audiencia pública, convocada por la Comisión de Legislación General del Senado de la Nación, que preside la senadora Liliana Negre de Alonso, para conocer la opinión y el deseo del pueblo de las provincias sobre el proyecto de ley que permitiría el seudo “matrimonio” de personas del mismo sexo.

     Para apoyar a quienes se manifestaban en la legislatura en contra de esa ley y a favor de la familia, una multitud de unas 35 mil personas, compuesta por familias enteras, jóvenes y adultos, católicos y de otras religiones, marchó hasta la Plaza Independencia con el lema “Tucumán por la familia”.

     Entre los que expusieron en la Legislatura se destacó la señora Isabel W. de Berarducci, que se presentó ante los legisladores y los presentes, como mujer y como madre, porque, dijo, “la maternidad es lo que nos distingue a las mujeres. Y cuando se destruye el matrimonio, se ataca la maternidad, se ataca directamente a las mujeres y se ataca a la vida misma”. A continuación el texto del alegato.

Como mujer y como madre me siento discriminada
    “Voy a esgrimir el argumento sobre el que tengo competencia, representatividad y experiencia para opinar ¡pues soy mujer y soy madre!”, comenzó diciendo Isabel.

     “Como mujer y madre me siento discriminada y avergonzada de tener que recurrir a estos míseros minutos y a este estrado, para defender lo que siempre, y en primer lugar como política de Estado, debería ser defendido y protegido.

     Les hablo como madre de mis 8 maravillosos hijos, frutos del amor con el hombre a quien admiro y me completa como mujer. De esos hijos que entregué a esta Patria para que pudieran vivir, desarrollarse en ella con dignidad y servirla.

     Fueron 6 años completos de mi vida que los cobijé, protegí y alimenté, en el insondable prodigio de mi útero. Fueron 4 años más, aproximadamente, los que dediqué a amamantarlos. Sabemos, gracias a la ciencia, lo que nuestras abuelas trasmitían por sentido común, que no hay alimento más perfecto para un recién nacido que la leche materna, pero no sólo eso,tampoco hay relación afectiva más importante para la madurez psico-afectivo-social de una persona que aquella estrechísima relación que se genera, cuerpo a cuerpo, caricia a caricia, mirada a mirada, succión a succión, entre un hijo y su madre.

     Me veo obligada a decir ante esta tribuna pública que ¡me siento discriminada!, pues esos 10 años de mi vida quieren convertirlos, con esta ley ilegítima, en una pasa seca. En 10 años de esterilidad completa. Quieren decirnos que todo eso desde ahora podrá ser perfectamente intercambiable. Quieren decir que las mujeres, desde este momento, dejamos de ser y de representar la vida misma.

     Quieren secar nuestros senos y esterilizar nuestros úteros. Quieren matar la vida misma, nuestra esencia más profunda. Quieren negar hasta las raíces ancestrales de nuestra cultura originaria que otorga a la Tierra nombre de mujer y función maternal (la Pacha-mama) porque la considera generadora y protectora de vida.

     Quieren equiparar nuestra condición esencial a una simple función,¿qué digo? ¡a mucho menos!, ¡menos que un tubo de ensayo! pues es allí donde hoy se manipula la vida.

     ¿Y saben qué es lo más engañoso de esto? Que ustedes, hermanos homosexuales, los que buscan con honestidad el camino de la felicidad, son los más engañados cuando les dicen que con la adopción podrán colmar sus aspiraciones como familia. Sí, podrán cumplir determinadas funciones pero lo que no les dicen es que ¡jamás-podrán-ser-madres! Entonces cobijarán a cientos de niños que nunca recibirán lo que sólo una madre puede darles.

     Los niños necesitan amor de Madre. Hasta el mismo Hijo del Altísimo tuvo un regazo materno para beneficiarse con lo que sólo una madre puede y sabe brindar porque lo lleva grabado en su ser femenino.

     La maternidad es lo que nos distingue. Y cuando se destruye el matrimonio, se ataca la maternidad, se ataca directamente a las mujeres y se ataca a la vida misma.

     Sabemos de muchos casos de tendencias homosexuales (que son terribles sufrimientos, rechazados y ocultados por los mismos que los padecen), esos pobres hermanos nuestros que nunca estarán representados en este estrado, porque no pueden enfrentar en público el dolor que les produce esa situación y, además, porque a esos que los están engañando no les conviene darles un lugar aquí; sabemos, les decía, que muchas de esas tendencias se desencadenan por falta de amor. En un hogar donde tantas, pero tantas veces en nuestra empobrecida Argentina, las madres ¡no tenemos opción! No podemos elegir libremente cuando estamos obligadas a abandonar nuestros hijos para intentar cubrir los degradantes sueldos que cobra la mayoría de los padres de familia que no pueden enfrentar con dignidad la mirada suplicante de sus hijos.

     ¿Esto es ocuparse de la familia?

     ¿Acaso no es discriminación e injusticia que debamos abandonar a nuestros hijos, y así, en la angustiosa soledad de hogares vacíos, la ausencia de la figura materna se convierta en uno de los motivos que los haya empujado a descreer en el Amor y buscar caminos tortuosos?

     ¿Qué hay detrás de esta ley?

     ¡Esta no es una ley cualquiera, es parte de un amplio proyecto!

     Queridos homosexuales, hoy las verdaderas discriminadas somos nosotras, pero mañana, cuando su “causa” deje de serles útil, serán ustedes los rechazados y atacados, ¡pero ya no tendrán madres que los defiendan y amen! ¿Qué van a hacer entonces? ¿Qué vamos a hacer entonces cuando los úteros femeninos ya no alberguen AMOR?

     Ustedes están siendo usados, porque a quienes impulsan estos proyectos no les interesa en absoluto que ustedes conozcan o no el verdadero amor, que ustedes alcancen o no la verdadera Felicidad.

     ¡A las madres sí nos importa y nos importará siempre!

     Senadores varones: ustedes han podido tener madres, y tienen mujeres maravillosas a su lado, esposas, hijas, hermanas, nietas: ¡no permitan que las sequen!

     Senador José Cano, siga fiel a su postura.

     Senador Sergio Mansilla: vote según su conciencia y tendrá paz por el resto de sus días.

     Senadores y presidenta mujeres: Por mis 8 hijos, por quienes me juego la vida, y por los hijos de todas las madres que no tienen voz en nuestra Patria, no temo decirles que, si apoyan esta ley, si están en contra de la Vida, no están representándonos como mujeres y tengan presente que no contarán con el voto de las madres argentinas.+

 
 

  

AICA – Toda la información puede ser reproducida parcial o totalmente, citando la fuente

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Publicado por en junio 25, 2010 en Uncategorized

 

Cultivar la fe en familia

 
 

Por Fernando Pascual –

Cada familia cristiana es una “comunidad de vida y de amor” que recibe la misión “de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su esposa” (Juan Pablo II, “Familiaris Consortio” n. 17). Es una comunidad que busca vivir según el Evangelio, que vibra con la Iglesia, que reza, que ama.

Para vivir el amor hace falta fundarlo todo en la experiencia de Cristo, en la vida de la Iglesia, en la fe y la esperanza que nos sostienen como católicos.

En estas líneas queremos reflexionar especialmente sobre la responsabilidad que tienen los padres en el cultivo de la fe en la propia familia. No sólo respecto de los hijos, sino como pareja, pueden ayudarse cada día a conocer, vivir y transmitir la fe que madura en el amor y lleva a la esperanza.

Los hijos también, conforme crecen, se convierten en protagonistas: pueden ayudar y motivar a los padres y a los hermanos para ser cada día más fieles a sus compromisos bautismales.

Entre los muchos caminos que existen para cultivar la fe en familia, nos fijamos ahora en tres: la oración en familia, el estudio de la doctrina católica, y la vida según las enseñanzas de Cristo.

Muchas de las ideas que siguen son simplemente sugerencias o pistas de trabajo. La actitud de fondo que debe acompañarlas, el amor verdaderamente cristiano, da el sentido adecuado a cada una de las acciones que se lleven a la práctica. Un gesto realizado sin profundidad puede secar el alma, puede perder su eficacia. Es posible, sin embargo, iniciar algunos actos sin comprenderlos del todo, pero con el deseo de que nos conduzcan a una actitud profundamente evangélica, a un modo de pensar y de vivir que corresponda plenamente con lo propio de nuestra vocación cristiana.

1. La oración en familia

La oración es para cualquier bautizado lo que es el aire para los seres humanos: algo imprescindible.

Aprender a rezar toca a todos: a los padres, en las distintas etapas de su maduración interior; a los hijos, desde pequeños y cuando poco a poco entran en el mundo de los adultos.

La oración en la vida familiar tiene diversas formas. El día inicia con breves oraciones por la mañana. Por ejemplo, los padres pueden levantar a sus hijos con una pequeña jaculatoria; o, después de asearse o antes del desayuno,  todos rezan juntos una pequeña oración (el Padrenuestro, el Ave María, parte de un Salmo o del Magnificat, etc.).

Otras plegarias surgen de modo espontáneo, según las necesidades de cada día. La familia reza por el examen de selectividad, por la situación de la fábrica donde trabaja papá o mamá, por las lluvias, por el eterno descanso del abuelo…

Son muy hermosas aquellas oraciones que recogen la gratitud de todos y de cada uno. Esas oraciones pueden fijarse en los hechos más sencillos: ya funciona el frigorífero, tenemos pasteles para la merienda, se acercan las vacaciones. O pueden dar gracias por hechos más importantes: el amor entre papá y mamá ha sido bendecido con un nuevo embarazo, acaba de nacer un nuevo sobrino, el abuelo ha superado la pulmonía, un amigo ha ido a encontrarse con Dios…

El clima de oración se prolonga a lo largo del día. Para ello, ayuda mucho crear un hábito de “jaculatorias”, pequeñas oraciones espontáneas que dan un toque religioso a la jornada. “Señor, confío en Ti”. “Creo, Señor, ayúdame a creer”. “Te alabamos, Señor, porque eres bueno”. “Gracias, Señor, por esto y por esto”. “Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo”…

La hora de comer permite un momento de gratitud y de unión en la familia. ¡Qué hermoso es ver que todos, junto a la mesa, rezan! Algunos hogares recitan el Padrenuestro; en otros, los padres y los hijos se turnan para dirigir una oración espontánea antes de tomar los alimentos.

Otro momento de oración consiste en el rezo del Ángelus (se puede rezar hasta tres veces en la jornada, o si se prefiere al menos a medio día) y del Rosario.

Para los niños (y para algunos adultos también), a veces el Rosario resulta un poco aburrido. Los padres pueden ayudar a los hijos a descubrir la belleza de esta sencilla oración, quizá enseñándoles a rezar primero un solo misterio, luego dos, etc., y explicando el sentido de esta hermosa plegaria dirigida a la Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

Cuando llega la noche, la familia busca un momento para dar gracias por el día transcurrido, para pedir perdón por las posibles faltas, para suplicar la ayuda que necesitan los de casa y los de fuera, los cercanos y los lejanos. Es muy hermoso, en ese sentido, aprender a rezar por las víctimas de las guerras, por las personas que pasan hambre, por los que viven sin esperanza y sin Dios.

La oración constante ha permitido a la familia, chicos y grandes, descubrir que la jornada, desde que amanece hasta la hora de dormir, tiene sentido desde Dios y hacia Dios. Todo ello prepara a vivir a fondo los momentos más importantes para todo católico: los Sacramentos.

Si el Sacramento de la Eucaristía es el centro de la vida cristiana, también debe serlo en el hogar. La familia necesita descubrir la belleza del domingo, la maravilla de la Misa, la importancia de la escucha de la Palabra, la participación consciente y activa en los ritos.

Participar juntos, como familia, en la misa del domingo es una tradición que vale la pena conservar. También cuando los hijos son pequeños. Los padres pueden enseñarles, poco a poco, el sentido de cada rito, las posturas que hay que adoptar, el respeto que merece la Casa de Dios. Son cosas que luego quedan grabadas en los corazones para toda la vida.

La semana se vive de un modo distinto si arranca del domingo y desemboca en el domingo. Durante la semana, la familia busca vivir aquello que ha escuchado, que ha vivido en la celebración eucarística dominical. A la vez, se prepara con el pasar de los días para el encuentro íntimo y personal con Cristo que tendrá lugar, Dios mediante, el domingo siguiente.

Ayuda mucho, en este sentido, hacer “visitas” a Cristo eucaristía durante la semana, de forma personal o en pequeños grupos (el padre o la madre con algunos hijos, varios hermanos juntos, etc.). También es muy provechoso, entre semana, recordar en casa cuál fue el evangelio del domingo anterior, o dar pistas para abrirse a los textos sagrados que serán leídos el domingo siguiente.

Además de buscar maneras para vivir mejor la Eucaristía, también es hermoso recordar el aniversario del bautismo de cada miembro de la familia. Si celebramos el nacimiento, ¿por qué no celebrar también el día en que empezamos a ser hijos de Dios y miembros de la Iglesia? Algo parecido podría hacerse con la confirmación, un sacramento que debemos valorar en toda su riqueza y que debemos tener muy presente en un mundo hostil al Evangelio.

En cuanto al matrimonio, el aniversario de bodas suele ser recordado por muchas familias católicas, incluso con la ayuda de algún día de retiro espiritual. En ese día, los esposos pueden renovar sus promesas matrimoniales, o hacer un momento de oración familiar con los hijos, quizá con la lectura en común de algún texto bíblico (por ejemplo, Tb 8,5-10, o Ef 5,21-33).

Un sacramento que merece ser vivido por todos los miembros de la familia es el de la Reconciliación (la confesión). Los niños quedan muy impresionados cuando ven a sus padres pedir perdón, de rodillas, en un confesionario. No es correcto, desde luego, recurrir a presiones para que se confiesen. Pero sí es hermoso enseñarles lo que es el pecado, lo grande que es la misericordia divina, y cómo la Iglesia pide que nos confesemos con frecuencia.

Un ámbito de la oración familiar se construye con la ayuda de imágenes de devoción. No basta con colocar aquí o allá un crucifijo, una imagen de la Virgen o el dibujo de algún santo. La imagen tiene sentido sólo si evoca y eleva los corazones a la oración y a la confianza en un Dios que está muy presente en la historia humana.

En algunos hogares existe un cuartito en el que se encuentra una especie de “altar de la familia”, donde todos se reúnen algún momento del día para rezar juntos, o donde cada uno puede dedicar un rato durante el día para meditar el Evangelio y dialogar de modo personal con Cristo. La tradición es hermosa, pues así es posible tener un lugar concreto donde todo ayuda a pensar en el Dios que tanto nos ama.

Existen otros modos para fomentar la oración en familia que se refieren a los tiempos litúrgicos. Por ejemplo, preparar un Belén en casa y tener ante el mismo momentos de oración y de cantos; ayudarse de la “Corona de Adviento” o de otras iniciativas parecidas para prepararse a la Navidad; dar un especial relieve a la Cuaresma como tiempo de oración, limosna y sacrificio; participar intensamente en la Semana Santa, de forma que permita a todos unirse íntimamente a Cristo; descubrir en familia el sentido gozoso de la Pascua y de Pentecostés, que ayude a participar del triunfo de Cristo y a descubrir la presencia del Espíritu Santo en lo más íntimo del corazón cristiano…

2. Aprender la fe en familia

Vivir en un clima continuo de oración abre los corazones al mundo divino. Esa apertura necesita ir acompañada por el estudio de todos, tanto de los padres como de los hijos, para conocer a fondo el gran regalo de la fe católica.

Los modos para lograrlo son muchos. La lectura y el estudio de la Biblia, especialmente de los Evangelios, resultan un momento esencial para conocer la propia fe. Para ello, hace falta recibir una buena introducción, sea a través de cursos en la parroquia, sea a través de la lectura de libros de autores católicos fieles al Papa y a los obispos.

Existe, por ejemplo, un curso de Biblia “on-line” del P. Antonio Rivero, que ofrece una buena ayuda para comprender mejor los libros sagrados. Se encuentra en http://es.catholic.net/conocetufe/804/2778/

De un modo más concreto, la familia en su conjunto o cada uno (según la propia edad) puede encontrar un momento al día para leer una parte del Evangelio. No se trata de una lectura simplemente informativa. Se trata de preguntarse, sencillamente, en un clima de oración: ¿qué quiere decirme Cristo con este texto? ¿Cómo ilumina mi vida?

Junto a la lectura de la Biblia, es necesario estudiar y conocer el “Compendio del Catecismo de la Iglesia católica” y, si fuera posible, también el mismo “Catecismo de la Iglesia católica”. El primero debería ser leído por los padres y, en la medida en que van creciendo, por los hijos. El segundo puede servir para ir más a fondo sobre temas importantes o ante dudas que puedan surgir. Los dos textos son ofrecidos en internet en la página del Vaticano, www.vatican.va.

La lectura del Catecismo permite conocer la fe católica en sus aspectos más importantes. Además, une a la familia con toda la Iglesia, al acercarse todos y cada uno a aquellas enseñanzas que nos permiten tener vivos y actualizados contenidos que no son simple “doctrina”, sino que nos ponen en contacto con Cristo y con su Cuerpo Místico: con el Papa, los obispos, los sacerdotes, los demás creyentes; con la Iglesia purgante (la que espera en el purgatorio) y con la Iglesia triunfante (que ya participa en el Banquete de Bodas del Cordero).

A través de estas lecturas, los padres estarán preparados para enseñar la doctrina católica en casa, si esto fuera posible. Si los hijos van a clases de catecismo en la parroquia o reciben clases de religión en la escuela, los padres ayudarán mucho a sus hijos para ver si han entendido bien, si tienen dudas. Les preguntarán los temas que están aprendiendo, no para “controlar”, sino para saber por dónde van en la catequesis y así ayudarles a vivir lo que les explicaron.

Por desgracia, en algunos lugares no se ofrece una buena enseñanza del catecismo a los niños. En otros, incluso, se les enseña ideas equivocadas. Toca a los padres velar para que la doctrina recibida por los hijos corresponda a lo que nos enseña la Iglesia y está contenido en el Catecismo. Si hace falta, pueden avisar al párroco de los errores que reciben sus hijos, o incluso al obispo, para que no se ofrezcan, bajo la apariencia de una “catequesis”, ideas confusas o contenidos claramente ajenos a nuestra fe católica.

Hemos mencionado la importancia de conocer a fondo la Biblia y el Catecismo. El estudio de la propia fe se enriquece a través de buenos libros, adaptados a cada edad. Unos serán cuentos navideños o novelas misioneras. Otros ofrecerán consejos para los adolescentes. Otros irán más a fondo sobre temas de fe, de ciencia, de moral.

Hacer un elenco de esos libros no resulta fácil. En catholic net hay un valioso arsenal de libros “on-line” (cf. http://es.catholic.net/biblioteca/). Podemos, además, recordar libros como los siguientes:

* P. Jorge Loring, “Para salvarte” (es posible encontrarlo en internet, o comprarlo como volumen).

* Mons. Tihámer Toth, “El joven de carácter” (también presente en internet).

Dos particulares ámbitos formativos se encuentran en los modernos medios de comunicación. Tenemos, en primer lugar, a los medios “clásicos” de noticias (televisión, radio, prensa). La familia no puede olvidar que en los mismos se ofrecen valoraciones sobre los hechos religiosos llenas de distorsiones o, incluso, de mentiras solapadas. Otras veces se escogen unos temas y se ocultan otros que tienen gran importancia para la vida de la Iglesia. Los padres deben conocer estos peligros y hacerlos presentes a sus hijos.

En segundo lugar, tenemos el mundo informático, especialmente internet (aunque no sólo). También aquí reina un enorme caos, y los temas religiosos son tratados en algunas páginas con mucha superficialidad, si es que no se cae en manipulaciones grotescas.

Los padres están llamados a educar a los hijos para tener un sano espíritu crítico. No se trata de aislarlos (hay temas que, a base de presión informativa, se convierten casi en “obligados”), pero sí de guiarlos para saber que no todo lo que se dice por ahí es verdad, y para comprender que los medios de comunicación no permiten alcanzar una imagen exacta de la Iglesia y de la vida ejemplar de miles y miles de buenos católicos.

Ayudará, en ese sentido, un doble esfuerzo. Por un lado, filtrar cualquier tipo de programas o de textos (escritos en papel o en la computadora) que presenten el mal como bien, que calumnien a personas o instituciones de la Iglesia, que promuevan incluso actitudes claramente antievangélicas (desenfreno, hedonismo, consumismo, odio racial o clasista, etc.).

Por otro, hay que saber individuar tantas (y son muchas, gracias a Dios) fuentes informativas sanamente católicas, que ofrecen la doctrina correcta (según el Catecismo) y que ayudan a conocer la actualidad del mundo y de la Iglesia en una perspectiva justa.

En ese sentido, es.catholic.net es una página que merece la pena ser conocida en sus distintas partes, así como otras páginas (la enumeración podría ser larga) donde la familia puede encontrar excelentes herramientas para la propia formación, incluso grabaciones de radio o pequeñas conferencias filmadas sobre la Iglesia, su historia, su doctrina, su vida actual.

En cuanto a la información católica, contamos con la que se ofrece con bastante puntualidad en www.vatican.va (la página del Vaticano), y con los servicios informativos de agencias como www.zenit.com.

Una presentación más amplia sobre este tema se encuentra en el estudio de Jorge Enrique Mújica, El rostro católico de internet en español (en  http://es.catholic.net/jorgemujica/articulo.php?tem=1430&id=34119).

3. Vivir el Evangelio en familia

Una fe sin obras, nos recuerda la Carta de Santiago, es estéril (cf. Sant 2,20). No entra en el Reino de los cielos el que dice “Señor, Señor”, sino el que cumple la Voluntad del Padre (cf. Mt 7,21).

La familia que reza, la familia que estudia su fe, también sabe vivir aquello que ha llevado a la oración, busca aplicar lo que ha conocido gracias a la bondad del Padre que nos ha hablado en su Hijo.

La mejor escuela para vivir como cristianos es la familia. Las indicaciones que podrían ofrecerse son muchísimas, como son muchas las enseñanzas morales que encontramos en la Biblia (los diez Mandamientos, el Sermón de la montaña, etc.) y que la Iglesia nos explica en la Tercera Parte del Catecismo. Como un resumen, el Catecismo enumera las 14 “obras de misericordia” (7 corporales y 7 espirituales) que ilustran ampliamente cuál es el modo de vivir según el Evangelio.

Para concretar un poco más cómo vivir evangélicamente, enumeremos algunos ámbitos en los que la familia se hace educadora en el arte de actuar como cristianos auténticos.

El primer ámbito, desde luego, es el de la propia familia. Vivir el Evangelio implica crear un clima en el hogar en el que se lleva a la práctica el principal mandamiento: la caridad. El amor debe ser el criterio para todo y para todos.

Ese amor se aprende, se hace vida, cuando los hijos ven cómo se tratan sus padres. Si los padres se aman profundamente, si saben darse el uno al otro como Cristo se dio por la Iglesia (cf. Ef 5,21-33), si saben perdonar hasta 70 veces 7 (cf. Mt 18,22), si confían en la Providencia más que en las cuentas del banco (cf. Mt 6,24-34), si ayudan al peregrino, al hambriento, al sediento, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,33-40)… los hijos habrán encontrado en la familia un auténtico “Evangelio vivo”.

Aprenderán entonces a dar gracias, a ayudar al necesitado, a compartir sus objetos personales, a escuchar a quien desea hablar, a dar un consejo a quien tenga dudas (de matemáticas o de fe…).

La caridad debe ser el criterio para lo que uno hace y para lo que uno deja de hacer. Por ello, la misma caridad lleva al católico a mortificar los apetitos de la carne, a controlar las propias pasiones, a huir de aquellos estilos de vida que nos atan al mundo, que nos llevan al egoísmo y a alejarnos de Dios y del prójimo.

No hay verdadera vida cristiana allí donde no hay abnegación. Hay vida cristiana allí donde cada uno renuncia al propio “yo”, cuando aprende a desapegarse de lo material para abrirse confiadamente a la providencia del Padre de los cielos (cf. el texto que ya citamos de Mt 6,24-34).

Aprender lo anterior resulta clave para lograr una familia auténticamente cristiana. ¿De qué manera puede conocer un hijo cómo se vive el Evangelio si ve en sus padres rencillas, malas palabras, afición por el dinero, críticas continuas a otros familiares o conocidos? Al revés, el hogar en el que Cristo ha entrado realmente en los corazones se convierte en un continuo testimonio de aquella caridad que nos plasmó el Espíritu Santo en 1Cor 13.

Un “capítulo” que resulta no fácil se refiere a modos de comportarse y de vestir, a diversiones, a objetos de uso. La sociedad crea necesidades y los hijos sienten una presión enorme que les hace desear lo que tienen otros y hacer lo que “todos hacen”. Los padres de familia sabrán discernir entre cosas sanas (como deportes no peligrosos y capaces de promover un buen espíritu de equipo) y “necesidades” que son falsas y que pueden llevar a los hijos a la ruina personal, incluso a la triste desgracia del pecado. Luchar contra corriente puede parecer duro, pero vale la pena si tenemos ante los ojos el premio que nos espera: la amistad con Cristo.

El segundo ámbito para vivir evangélicamente surge cuando la familia se abre a los demás. Tratamos con personas muy distintas en las mil encrucijadas de la vida. El corazón que aprende a vivir como cristiano descubre en cada uno la presencia del Amor del Padre, el deseo de Cristo de acogerlo en el número de los amigos, la acción del Espíritu Santo que susurra en los corazones y que los guía hacia la Verdad completa.

Un cristiano necesita ver a todos “con los ojos de Cristo” (cf. Benedicto XVI, encíclica “Deus caritas est” n. 18). Porque lo que se hace al hermano más pequeño es hecho al mismo Cristo (cf. Mt 25,40). Porque todos estamos invitados a ofrecer y a recibir cariño. Porque no hay amor más grande que el de dar la vida los unos por los otros (cf. 1Jn 3,16).

Esta actitud se plasma en actos concretos, que van desde el “enseñar al que no sabe” (las obras de misericordia espirituales) hasta el “visitar y cuidar a los enfermos” (las obras de misericordia corporales).

Es importante lo que uno hace por el necesitado, y es importante la actitud con la que se hace. Sirve de muy poco una limosna hecha con un rostro apático. En cambio, muchas veces llega más al corazón necesitado una mirada llena de afecto que la medicina regalada (desde luego, hay que velar también para que el enfermo tenga sus medicinas…). Los hijos que ven en sus padres actitudes profundas y gestos sinceros de amor al prójimo aprenden, más allá de las palabras, lo que significa ver a Cristo en los hermanos.

Vivir el Evangelio llega hasta el heroísmo de amar al propio enemigo (cf. Mt 5,43-48). Hay hogares en los que nunca se escucha una palabra de odio o de amargura hacia quienes ofendieron en el pasado (quizá un pasado muy reciente) a alguno de los miembros de la familia. Incluso hay hogares en los que los hijos admiran a sus padres cuando saben acoger, con los brazos abiertos, a alguien que les hizo daño, mucho daño…

La actitud profunda de amor a los otros lleva al apostolado, al compromiso continuo por conseguir que muchos hombres y mujeres lleguen a conocer a Cristo.

Es muy hermoso, en ese sentido, descubrir a familias que se convierten en “misioneras”. Saben comunicar, con su testimonio y con palabras oportunas, que Dios ama a todos, que Cristo ofrece la Salvación, que la Iglesia es la barca regalada por Dios para acometer la travesía que nos lleva a la Patria eterna.

4. A modo de conclusión

En el V Encuentro Mundial de las Familias que tuvo lugar en Valencia (España), el Papa Benedicto XVI recordaba que “transmitir la fe a los hijos, con la ayuda de otras personas e instituciones como la parroquia, la escuela o las asociaciones católicas, es una responsabilidad que los padres no pueden olvidar, descuidar o delegar totalmente” (Benedicto XVI, 8 de julio de 2006).

El Papa añadía, de un modo muy hermoso y comprometedor, que “la criatura concebida ha de ser educada en la fe, amada y protegida. Los hijos, con el fundamental derecho a nacer y ser educados en la fe, tienen derecho a un hogar que tenga como modelo el de Nazaret y sean preservados de toda clase de insidias y amenazas”.

Cuando un hijo pequeño empieza a preguntar a sus padres cómo es Dios, surge en algunos hogares una cierta inquietud: ¿estaremos preparados para introducir al hijo en el mundo del Evangelio? ¿Seremos capaces de ofrecer a los hijos un hogar semejante al de Nazaret?

Las preguntas inocentes del niño pueden convertirse en una ayuda providencial por la que Dios se vale para mover a los padres a elevar una oración confiada, para abrirse a la ayuda divina a la hora de afrontar con mayor entusiasmo sus compromisos como esposos llamados a la tarea de educar a los hijos en la fe.

“Padre Santo, los hijos que han nacido de nuestro amor existen porque Tú los amas desde toda la eternidad. Enséñanos a cuidarlos siempre con cariño exigente y con exigencia cariñosa. Danos luz y consejo para que podamos transmitirles las palabras de tu Hijo. Ayúdales a vivir según tu Amor. Protégelos de los peligros del mundo. Sobre todo, permítenos ser, como esposos y como padres, ejemplos limpios y alegres de tu bondad y de tu misericordia. Para que así, algún día, podamos cantar tu gloria, todos juntos, como familia, en el lugar que Cristo nos ha preparado en el cielo. Amén”.

 
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Publicado por en junio 23, 2010 en Uncategorized

 

Del Blog “Jesucristo en el cine”

 
 

1) “La última cima”: ¿Hay nicho para el cine religioso en España?

El 3 de junio se estrenó en España “La última cima”, una película sobre un sacerdote que en su estreno madrileño ha superado en recaudación a “Sexo en Nueva York 2” y ha merecido los mejores elogios de la crítica. Lo llamativo es que esta historia –real: el cura falleció hace dos años- no era pederastra ni mujeriego, y tampoco un misionero que se fue a la India. Fue un cura bueno y santo que dejó una huella imborrable…

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2) Young Values Film Festival Barcelona 2010: ¿Cantera de un nuevo cine?

Más de 100 cortos y 68 guijones cinematográficos de nuevos talentos compiten en la segunda edición del Young Values Film Festival de Barcelona 2010 en el que se otorgan, entre otros, los premios ‘Internacional’ de Valores Sociales, el ‘Miquel Porter Moix’ de Escuelas y Universidades catalanas, y el ‘Rovira-Beleta’ al mejor guión. El Festival, organizado por CinemaNet y la ONG “Som Joves”, tendrá lugar este sábado 12 de junio en el CaixaForum de Barcelona…

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3) La amistad entre la Virgen y la Magdalena en “La Pasión de Cristo”

Hoy cierro esta trilogía esta serie de artículos sobre la amistad entre la Virgen y la Magdalena con el filme que mejor la ha reflejado en la pantalla: “La pasión de Cristo“, de Mel Gibson. Desde el principio las vemos juntas, unidas en el sufrimiento de la pasión, sabiendo que están ayudando a Jesús a redimir al mundo (cada una a su nivel). Les vemos acompañar a Cristo en todos y cada uno de los pasos del Via Crucis, pero hay tres momentos previos que resultan clave: cuando se despiertan en la noche (acaban de prender a Jesús) y comprender que ha empezado todo; cuando, en el horror de la flagelación, Magdalena se arroja en los brazos de María; y cuando, de rodillas, recogen piadosamente la Divina Sangre del Hijo de Dios…

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Alfonso Méndiz

 
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Publicado por en junio 7, 2010 en Uncategorized

 

Decir sí cada día

Bonifacio Fernández – Martes 08 de Junio del 2010

 
 

El domingo día 30 de mayo el arzobispo de Westminster, en una Eucaristía, bendecía a unos 600 matrimonios. Las parejas renovaron sus promesas conyugales. Alguna de ellas ya a punto del cumplir los 60 años de matrimonios.

En el mismo fin de semana, en otro país europeo, Croacia, en el santuario mariano Marija Bistrica, cerca de Zagreb, unos 400 matrimonios renovaban su sí matrimonial como un compromiso de crecimiento diario. Y, al mismo tiempo,  su decisión de seguir creyendo y construyendo su relación de amor.

Estos acontecimientos no suelen ser portada en los noticiarios. Y, sin embargo, es ahí donde se está gestando futuro de la sociedad y el bienestar de las personas. El matrimonio es la primera, indispensable, insustituible escuela de vida y amor. No es una aventura fácil; requiere esfuerzo y generosidad. El sueño de amor matrimonial es persistente y fuerte; es la causa más grande de felicidad personal; pero tiene sus fragilidades, como todo lo humano. Está sometido al desgaste del tiempo, al acecho de la rutina, a la tentación de la ensoñación.

Nuestra sociedad, en el imaginario colectivo que va formando, intensiva lo fácil y lo inmediato. Absolutiza las gratificaciones y los éxitos rápidos; exaspera el individualismo. Por eso, mina muchos proyectos de vida y sueños de amor. Pone obstáculos, pero no motiva, ni facilita, ni acompaña y ni apoya a los matrimonios y familias en sus dificultades. La fidelidad creativa es muchas veces una carrera de obstáculos, tanto internos como externos.

Por otra parte, las noticias de la violencia conyugal no cesan. Crecen de día en día. Compromisos de amor que terminan, paradójicamente, en destrucción, anulación y hasta en la muerte. ¡Qué contradicción! ¡Qué tristeza! Además, las noticias de separaciones de famosos, un día muy enamorados,  tras veinte o cuarenta años de convivencia, nos sorprenden y nos sugieren muchas preguntas: ¿Qué han vivido? ¿Qué y cómo se han amado? ¿No es el amor una energía interpersonal en crecimiento, que crea intimidad, pertenencia, vinculación y sentido vitalizador? ¿No han tenido un proyecto de vida de convivencia, de crecer juntos, de envejecer juntos, de ser fecundos? ¿Qué ha sucedido? ¿Dónde ha empezado a marchitarse la rosa roja del amor?

En cualquier caso, estas noticias significan que el matrimonio como escuela de vida y amor, de felicidad y fecundidad, constituye una tarea a realizar. No se puede dar por supuesto que funciona por sí mismo, como si fuera un engranaje automático. Se trata de un proyecto de vida a realizar juntos; se trata de un sueño de amor a soñar juntos día a día. Y es el amor el que tiene despierta a la esperanza; y es la esperanza de vivir y disfrutar cada día más intensamente ese proyecto la que mantiene vivo el amor.

El  amor tiene en vela  la esperanza.
La esperanza tiene en vela el amor.
Y un matrimonio lleno de presencia amorosa
es buena noticia de Dios.
La mejor noticia del Dios amor.

 
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Publicado por en junio 7, 2010 en Uncategorized

 

“Benedicto XVI es el Papa de las sorpresas tranquilas”


Rafael Navarro-Valls


 
 

PeriodistaDigital.com  (Entrevista de José Manuel Vidal)

Rafael Navarro-Valls es un peso pesado de la opinión en España. Es catedrático de derecho de la Complutense, académico de la Real Academia de Jurisprudencia y, sobre todo, columnista de opinión en el diario El Mundo y en otras muchas publicaciones. Y es, quizá, el hombre que más sabe en España de las dos potencias mundiales en este momento (la militar-económica y la moral): EE.UU. y el Vaticano. Presenta su libro Entre la Casa Blanca y el Vaticano

¿Su especialidad gira en torno a esos dos polos?

Sí, efectivamente. En este libro, como usted ha hecho notar, se analizan los dos centros de poder más importantes de la humanidad hoy día. Se analiza el poder político en su estado puro, que reside en la Casa Blanca, y la primera autoridad moral de la tierra, que habita en el Vaticano. Ambos poderes siguen su marcha en la historia, pero alguna vez se entrecruzan. Por ejemplo, con la reciente visita de Obama a Benedicto XVI, o en la entrevista de Benedicto XVI con Bush en Norteamérica. Hay cuestiones muy interesantes, porque entrar en la psicología de un Papa o de un presidente de los EEUU es una aventura fascinante. Que he intentado correr en este libro.

¿En el libro usted va recorriendo la época que va, fundamentalmente, desde la presidencia de Clinton hasta la de Obama, analizando las relaciones entre los dos grandes poderes de este mundo?

Efectivamente. Hago notar las diferencias entre Clinton, Bush y Obama por un lado, y las de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Por ejemplo, Juan Pablo II fue un coloso que tuvo que luchar en tres frentes: en el Primer Mundo, contra la secularización; en el Segundo, contra el déficit de Derechos Humanos que había en el Este, en la época comunista; y en el Tercer Mundo, contra la pobreza.

Y parece que el Papa magno sí consiguió vencer en la lucha por los Derechos Humanos en el Este, pero no parece tan claro que venciera en la de la secularización, y contra la pobreza.

Sí, efectivamente. Ahora se cumplen los 20 años de la caída del muro de Berlín, y yo quiero resaltar la importancia que tuvo Juan Pablo II en ello. En la caída del socialismo real.

La secularización, con su relativismo, es algo más duro de vencer. El Papa le plantó cara, movió a millones de seres humanos… pero todavía, sobre todo en la vieja Europa, hay un poso grande de laicismo, que contrasta con ese proceso de “des-secularizacion” que se observa en America del Sur, en África y en Asia. Ahora mismo, en esos tres grandes continentes, Dios está de moda. Mientras que en algunas zonas de Europa es más difícil ese proceso de “des-secularización”.

¿Se prevé una resurrección, una vuelta de Dios? Porque tampoco es verdad que Dios haya muerto, como decían los teólogos de la muerte de Dios…

¡No! Yo creo que el anhelo de Dios está presente en todos los hombres y en todas las sensibilidades.

De hecho, una de las ideas fuertes del pontificado de Benedicto XVI parece que era esa, ¿no?

Sí: hacer notar las raíces cristianas de Europa, y las huellas que Dios ha dejado en todos los continentes. Acabo de leer un libro en el cual se hace notar que Dios está en racha. Un Pulitzer norteamericano de no hace mucho se centraba sobre Dios: Dios, ese personaje. Y todo el proceso de infiltración de religiosidad en Europa a través de la emigración (musulmana o sudamericana) es un tema interesantísimo. Yo creo que, aunque aparentemente algunos piensan que Dios está, como Jonás, vuelto a meter en el vientre de la ballena, sin embargo está cobrando cada vez más protagonismo en Europa y sobre todo en los tres continentes citados.

Es evidente que había feeling, por lo que cuentan los historiadores, entre Juan Pablo II y Reagan. Incluso se ayudaron para la caída del muro. ¿Esa misma solidaridad continuó luego entre Juan Pablo II y Bush (padre)?

Juan Pablo II tuvo una enorme virtud, que es tener feeling no sólo con Reagan, sino con Gorbachov. Recuerdo que el portavoz de la Santa Sede en aquellos tiempos me contaba…

Portavoz que, dicho entre paréntesis, es su hermano.

Sí. El me contó el encuentro en un paraje helado de Alaska entre Reagan y Juan Pablo II. Los testigos eran el Fuerza Aérea número 1 norteamericana (el avión de Reagan) y el avión de Alitalia . La entrevista fue muy emocionante. Reagan siguió con mucho interés la actuación del Papa en los países del Este y admiró el valor del Papa polaco.

Bush padre era más frío que Reagan, pero también tenía un extraordinario respeto por el Papa.

¿Hubo cierto enfrentamiento, quizás por la Guerra del Golfo?

Efectivamente. El Vaticano desde siempre dijo “no” a la primera Guerra del Golfo, y a la segunda (la de Irak). Y no por pacifismo, sino porque entendió que la guerra no es solución para nada. Recuerdo cómo el Papa hablaba de este tema con mucha claridad, en unos momentos en que todo el mundo estaba a favor de la guerra contra Sadam Hussein, con motivo de Kuwait. El Papa decía: “La guerra no arreglará nada”. Y, efectivamente, no arregló nada, sino que complicó las cosas en el Oriente Próximo. Luego, la intervención de Bush junior también fue muy criticada por el Papa. Y abrió un problema que Obama todavía no ha logrado resolver.

¿Es verdad que Juan Pablo II estuvo pensando en algún momento presentarse en Bagdad?

En efecto. Y pidió autorización a Sadam Hussein, pero éste se la negó.

¿O sea que no fue EEUU quien se la negó, sino el propio Sadam?

Sí, fue Sadam, antes de que estallara la guerra. De hecho, el Papa mandó entonces al cardenal Etxegaray a entrevistarse con Sadam Hussein, y a rogarle moderación. Que no diera motivos para una intervención norteamericana.

¿Cómo fueron las cosas con Clinton?

Clinton es una persona más ligera en sus planteamientos. Tuvo una entrevista con Juan Pablo II en Denver, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Se llevaron bien, pero Clinton estaba ya en esos momentos atrapado con el problema de la Lewinski.. En mi opinión, Clinton fue el presidente norteamericano con que menos conectó Juan Pablo II. Sin embargo, Benedicto XVI y Obama han conectado muy bien, como Juan Pablo II con los Bush.

Obama representa un “subidón” para EEUU… ¿La Iglesia Católica en este momento necesitaría un Obama?

Yo me acuerdo que tuve que colaborar con Televisión Española en la toma de posesión de Obama. Efectivamente, en la tertulia que luego informalmente hicimos, al acabar, los cámaras y el locutor estaban asombrados de la abundancia de simbología religiosa en la ceremonia.

Cuatro veces hizo referencia a Dios, dos pastores protestantes pidieron la bendición y rezaron el Padre Nuestro, juró sobre la Biblia de Lincoln… Obama, en este aspecto, estuvo muy distante del prejuicio anticatólico que había en la época Kennedy. De todas formas, es una persona que, aunque es una especie de bomba mediática que atrae mucho, está todavía por hacer. Por ejemplo, el Premio Nobel que le han concedido, creo que es prematuro. Me temo que Obama tiene gran contenido mediático, pero le falta todavía fondo.

¿O sea que puede desinflarse?

Sí. Y, de hecho, en las últimas encuestas se está desinflando. Ha bajado bastante su popularidad entre los norteamericanos. Si lleva a cabo la reforma sanitaria se recuperará.

En cambio, en la Iglesia se mira más. El tiempo de la Iglesia es otro.

En la Iglesia se mira hacia horizontes lejanos, mientras que en política lo que prima es el hoy, lo urgente.

Volviendo a Obama me sonrío cuando hablan de los cien días primeros como presidente. Sin embargo, según los técnicos, para poder familiarizarse con el poder de la Casa Blanca son necesarios al menos, dieciocho meses. Creo que habrá que darle más tiempo a Obama para hacer una evaluación.

¿Qué le parece el Papa Ratzinger?

Benedicto XVI es el Papa de las “sorpresas tranquilas”. Es consciente de que le queda mucho menos tiempo que el que dispuso Juan Pablo II. Conviene no olvidar que Benedicto XVI llega con 20 años más de edad. Por qué hablo de “sorpresas tranquilas” Porque, de pronto, establece un cauce muy interesante —los ordinariatos personales— para acoger a los anglicanos. También inesperadamente “desconecta” el cisma de Lefevre, poniéndolo en vías de satisfactoria aclaración. Es el Papa que afirma que “ser antisemita es ser anticristiano”, o que entiende que la liturgia no puede quedar reducida a la inventiva de cada cura.

Pero es el Papa, también, de los escándalos. El Papa de Ratisbona… ¿Qué le está fallando, mediáticamente, a Benedicto XVI? ¿Se nota la falta de su hermano?

Cada experto, cuando deja un cargo, deja desde luego un hueco. El anterior portavoz lo hizo muy bien. Espero que el actual también lo haga correctamente. La tarea, sin embargo, no debe ser nada fácil. Recuerdo que en una entrevista con Juan Pablo II, coincidimos Joaquín y yo. El Secretario del Papa, D. Estanislao —que es muy bromista— a mitad de entrevista dijo: “Santidad, lo que podemos hacer es que Joaquín se vaya a explicar Derecho a la Complutense, y Rafael se venga aquí a hacer de portavoz”. Siguiendo la broma me negué en redondo diciendo: “No Santidad, que ese trabajo —el de portavoz— debe ser terrible”.

Insisto: ¿cuál es el problema mediático de este pontificado?

No creo que haya un especial problema. En lo que se me alcanza, Lombardi lo está haciendo bien. El único problema es que pueda haber malas interpretaciones.

Pensemos en Ratisbona. Después de ver las reacciones al discurso recuerdo que escribí un artículo que titulé “El Islam no está contra el Papa”. La realidad es que los que organizaron el alboroto fueron más bien políticos musulmanes con problemas en sus países: el rey de Marruecos o Erdogan en Turquía, que aprovecharon el tema de Ratisbona para crear un conflicto y atraerse a los más extremistas de sus países. Pero la gente sólida como algunas autoridades religiosas que asistieron en Kazajstán, a un congreso inter-religioso, después de estudiar el tema, entendieron que no hubo un verdadero problema. Respecto al tema del lefevbrista Williamson, efectivamente, hubo poca información acerca de sus desenfocadas opiniones sobre el Holocausto, pero fue un hecho aislado.

Aunque usted excusa, la verdad es que el propio Papa hizo pública una carta amarga quejándose de las interpretaciones sesgadas. en torno a sus actuaciones

Sí, fue algo bastante inédito. Pero su queja se refería a hechos injustos de algunos medios y de algunos focos católicos que se habían quedado en la superficie de los acontecimientos, no yendo al fondo.

¿Es culpa, entonces, de los medios, que interpretan mal? ¿O es que están a la caza de la Iglesia?

La Iglesia siempre es noticia, y las noticias mueven a los medios. Yo me acuerdo de un director de periódico que me decía en una ocasión: “Mira, que 100 obispos sean fieles al Papa no es noticia. Sin embargo, que un obispo se salga de la ortodoxia, sí que lo es”. Esas son las reglas del juego, nos gusten o no. Todos debemos acostumbrarnos a ellas. En nuestro trabajo profesional diario, los laicos que estamos en habitual relación con los medios, aceptamos esas reglas y encajamos las críticas y el debate. También los medios eclesiásticos han de acostumbrarse a encajar con deportividad las críticas y a poner al mal tiempo, buena cara.

Su hermano acaba de estar en España para dar una “clase” a los obispos, que lo acogieron muy bien. ¿la Iglesia española, también, en ese sentido, tendría que afinar sus mecanismos de comunicación con la sociedad?

Bueno, los mecanismos de comunicación son necesarios en todos los centros de influencia de un país (sindicatos, poder político, partidos, etc.).), y todos necesitamos afinarlos. Sobre todo, adaptarnos a la tremenda velocidad con que nacen y se transforman las noticias. Es natural que la Iglesia también haga ese esfuerzo de adaptación. A mí me parece que lo está haciendo cada vez mejor, pero hay que pensar que el deber de la Iglesia no es tanto que el mundo la admire, cuanto, a veces, ser su voz crítica. Muchas veces, esa crítica a algunos les parece no políticamente correcta.

Una adaptación a la sociedad y a los medios que, sin embargo, la Obra a la que usted pertenece, el Opus Dei, realiza a las mil maravillas. Incluso con recientes polémicas (el Código Da Vinci…).

En la Obra hay periodistas profesionales acostumbrados al debate y la crítica. Pero las cosas no son fáciles para ninguna institución. Tampoco para la Obra. La idea es que hay que “hacer, del limón, limonada”. Es decir, que cuando se levantan vientos contrarios, hay que procurar sacar del huracán su parte positiva. La realidad es que si aguantas, con buen humor y sentido profesional, nada se hunde. La Iglesia tiene siglos de experiencia y pervivencia, mientras que la anécdota política o crítica es un tema de un día o dos, y se acabó. Hay que pensar que “el hombre (y la noticia) del día, es el hombre (y la noticia) de un día”.

¿El Vaticano y EEUU están condenados a entenderse?

Condenados, no sé, obligados, desde luego. Tras la entrevista de Benedicto XVI con Obama, se ha notado cómo, por ejemplo, la política pro-aborto de Obama, o el tema del matrimonio, ha sufrido una variación. Yo he seguido de cerca los planteamientos de la delegación de la Administración Obama en la ONU y las últimas medidas en relación con la Ley Sanitaria de Obama, y se ve cómo ha frenado. Una vez que tomó posesión comenzó diciendo: “Daré fondos federales para el aborto, para las células madre…”. Sin embargo, ahora, en su discurso ante las dos Cámaras, ha rectificado: no habrá fondos federales para el aborto, y protegerá la objeción de conciencia de los médicos —ha dicho—”de un modo vigoroso”. Que es, por cierto, lo que habría que hacer en España ahora mismo. Porque la objeción de conciencia, —un derivado necesario de la libertad de conciencia— es la estrella polar de nuestro ordenamiento.

Objeción de conciencia que parece que va a recoger la nueva Ley de Libertad Religiosa, aunque todavía no se conoce por dónde va a ir.

No se sabe, efectivamente. Lo único que puedo decir es que la reciente Ley de Libertad Religiosa de Portugal sí la ha recogido expresamente: “la libertad de conciencia comprende el derecho de objetar el cumplimiento de las leyes que contraríen los dictámenes inexcusables de la propia conciencia”. Esta declaración tiene gran importancia, porque crea un marco general de referencia. Esperemos que, en España, el poder siga el ejemplo portugués y proteja adecuadamente a las minorías, entre las que se cuentan los grupos objetores.

¿Zapatero está intentando arrinconar a la Iglesia, meterla en la sacristía, que no tenga presencia pública e influencia social?

Yo creo que Zapatero tiene la idea de que el Estado tendría que ser el depositario de unos valores “políticamente correctos”, que la Iglesia tendría necesariamente que aceptar. Lo característico de la época de Zapatero es que los “incidentes” en la delgada línea fronteriza Iglesia/Estado han proliferado demasiado. Es un error. La democracia española está convirtiéndose en un mecanismo sensible a unas cuestiones e insensible a otras. Una zona de sensibilidad dormida es la de los valores morales y religiosos. Sin embargo, lo característico de las verdaderas democracias es potenciar todas las sensibilidades. Hay que dejar libre a la sociedad civil para que ilumine esas zonas de sensibilidad dormida a las que el Gobierno parece no atender.

¿Y la respuesta estratégica de la Iglesia ha sido la correcta? El hecho de que los obispos, capitaneados por el cardenal Rouco, hayan salido a la calle con una pancarta en ciertas ocasiones, y hayan plantado cara, y —como algunos dicen— se hayan convertido en la oposición real a Zapatero, ¿es una estrategia válida?

Antes de hablar de estrategia hay que saber cuáles son las “cuestiones de gabinete” que el Papa ha delimitado y sobre las cuales los católicos no pueden echarse atrás, que son: familia, educación, matrimonio y pobreza, Porque la pobreza —ha dicho el Papa— no es una cuestión de filantropía, sino que luchar contra ella es un mandato divino. Por eso la Iglesia tiene que potenciar la solidaridad.

¿Que de vez en cuando hayan salido algunos obispos a la calle…? Bueno, esto pasó también con Desmond Tutu cuando se opuso al tema del apartheid en Sudáfrica. Pasó con Martín Lutero King que, siguiendo la doctrina cristiana de la filiación divina, en su famoso discurso en Washington, abogó por la igualdad entre negros y blancos. Ambos fueron galardonados con el Nobel. Los obispos en España, en uso de su libertad, salen a la calle como en África hizo Tutú o en América Lutero King. Nada de qué extrañarse. La calle es de todos, siempre que se ocupe con serenidad y potenciando el bien común.

¿Porque Zapatero y Rouco también están condenados a entenderse?

Es evidente. Rouco y el Magisterio son conscientes de que el poder tiene una serie de mecanismos mediante los cuales puede potenciar los valores; y el poder civil sabe —si no es tonto— que esos valores religiosos hacen buenos ciudadanos y ayudan a coser las heridas del tejido social.

Por tanto, una política de mano tendida, como la que hubo en España en el año 78 entre la Iglesia y el Estado, es lo que debería potenciarse. Desde luego, con separación respetuosa, lo que los americanos llaman neutralidad benevolente.

¿Algún otro libro ya en el pensamiento?

Acabo de coordinar con otros colegas un análisis técnico, de mil páginas, sobre la Ley de Libertad Religiosa. Se llama La regulación legal de la libertad religiosa en España, lo ha editado IUSTEL y acaba de aparecer.

Es un tema que va a estar muy de moda.

Desde luego y es un libro muy plural. Cerca de 40 profesores universitarios hacemos un análisis de la Ley, y de la conveniencia o no de su reforma. Al tiempo, nos detenemos en todos los temas litigiosos entre la Iglesia y el Estado en España

Pues nos comprometemos a una entrevista sobre ese libro cuando esté la nueva Ley de Libertad Religiosa, que parece que está a punto de salir.

Don Rafael, ha sido un placer. Muchas gracias.

Gracias a usted, querido colega.

 
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Publicado por en junio 7, 2010 en Uncategorized