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“Benedicto XVI es el Papa de las sorpresas tranquilas”

07 Jun


Rafael Navarro-Valls


 
 

PeriodistaDigital.com  (Entrevista de José Manuel Vidal)

Rafael Navarro-Valls es un peso pesado de la opinión en España. Es catedrático de derecho de la Complutense, académico de la Real Academia de Jurisprudencia y, sobre todo, columnista de opinión en el diario El Mundo y en otras muchas publicaciones. Y es, quizá, el hombre que más sabe en España de las dos potencias mundiales en este momento (la militar-económica y la moral): EE.UU. y el Vaticano. Presenta su libro Entre la Casa Blanca y el Vaticano

¿Su especialidad gira en torno a esos dos polos?

Sí, efectivamente. En este libro, como usted ha hecho notar, se analizan los dos centros de poder más importantes de la humanidad hoy día. Se analiza el poder político en su estado puro, que reside en la Casa Blanca, y la primera autoridad moral de la tierra, que habita en el Vaticano. Ambos poderes siguen su marcha en la historia, pero alguna vez se entrecruzan. Por ejemplo, con la reciente visita de Obama a Benedicto XVI, o en la entrevista de Benedicto XVI con Bush en Norteamérica. Hay cuestiones muy interesantes, porque entrar en la psicología de un Papa o de un presidente de los EEUU es una aventura fascinante. Que he intentado correr en este libro.

¿En el libro usted va recorriendo la época que va, fundamentalmente, desde la presidencia de Clinton hasta la de Obama, analizando las relaciones entre los dos grandes poderes de este mundo?

Efectivamente. Hago notar las diferencias entre Clinton, Bush y Obama por un lado, y las de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Por ejemplo, Juan Pablo II fue un coloso que tuvo que luchar en tres frentes: en el Primer Mundo, contra la secularización; en el Segundo, contra el déficit de Derechos Humanos que había en el Este, en la época comunista; y en el Tercer Mundo, contra la pobreza.

Y parece que el Papa magno sí consiguió vencer en la lucha por los Derechos Humanos en el Este, pero no parece tan claro que venciera en la de la secularización, y contra la pobreza.

Sí, efectivamente. Ahora se cumplen los 20 años de la caída del muro de Berlín, y yo quiero resaltar la importancia que tuvo Juan Pablo II en ello. En la caída del socialismo real.

La secularización, con su relativismo, es algo más duro de vencer. El Papa le plantó cara, movió a millones de seres humanos… pero todavía, sobre todo en la vieja Europa, hay un poso grande de laicismo, que contrasta con ese proceso de “des-secularizacion” que se observa en America del Sur, en África y en Asia. Ahora mismo, en esos tres grandes continentes, Dios está de moda. Mientras que en algunas zonas de Europa es más difícil ese proceso de “des-secularización”.

¿Se prevé una resurrección, una vuelta de Dios? Porque tampoco es verdad que Dios haya muerto, como decían los teólogos de la muerte de Dios…

¡No! Yo creo que el anhelo de Dios está presente en todos los hombres y en todas las sensibilidades.

De hecho, una de las ideas fuertes del pontificado de Benedicto XVI parece que era esa, ¿no?

Sí: hacer notar las raíces cristianas de Europa, y las huellas que Dios ha dejado en todos los continentes. Acabo de leer un libro en el cual se hace notar que Dios está en racha. Un Pulitzer norteamericano de no hace mucho se centraba sobre Dios: Dios, ese personaje. Y todo el proceso de infiltración de religiosidad en Europa a través de la emigración (musulmana o sudamericana) es un tema interesantísimo. Yo creo que, aunque aparentemente algunos piensan que Dios está, como Jonás, vuelto a meter en el vientre de la ballena, sin embargo está cobrando cada vez más protagonismo en Europa y sobre todo en los tres continentes citados.

Es evidente que había feeling, por lo que cuentan los historiadores, entre Juan Pablo II y Reagan. Incluso se ayudaron para la caída del muro. ¿Esa misma solidaridad continuó luego entre Juan Pablo II y Bush (padre)?

Juan Pablo II tuvo una enorme virtud, que es tener feeling no sólo con Reagan, sino con Gorbachov. Recuerdo que el portavoz de la Santa Sede en aquellos tiempos me contaba…

Portavoz que, dicho entre paréntesis, es su hermano.

Sí. El me contó el encuentro en un paraje helado de Alaska entre Reagan y Juan Pablo II. Los testigos eran el Fuerza Aérea número 1 norteamericana (el avión de Reagan) y el avión de Alitalia . La entrevista fue muy emocionante. Reagan siguió con mucho interés la actuación del Papa en los países del Este y admiró el valor del Papa polaco.

Bush padre era más frío que Reagan, pero también tenía un extraordinario respeto por el Papa.

¿Hubo cierto enfrentamiento, quizás por la Guerra del Golfo?

Efectivamente. El Vaticano desde siempre dijo “no” a la primera Guerra del Golfo, y a la segunda (la de Irak). Y no por pacifismo, sino porque entendió que la guerra no es solución para nada. Recuerdo cómo el Papa hablaba de este tema con mucha claridad, en unos momentos en que todo el mundo estaba a favor de la guerra contra Sadam Hussein, con motivo de Kuwait. El Papa decía: “La guerra no arreglará nada”. Y, efectivamente, no arregló nada, sino que complicó las cosas en el Oriente Próximo. Luego, la intervención de Bush junior también fue muy criticada por el Papa. Y abrió un problema que Obama todavía no ha logrado resolver.

¿Es verdad que Juan Pablo II estuvo pensando en algún momento presentarse en Bagdad?

En efecto. Y pidió autorización a Sadam Hussein, pero éste se la negó.

¿O sea que no fue EEUU quien se la negó, sino el propio Sadam?

Sí, fue Sadam, antes de que estallara la guerra. De hecho, el Papa mandó entonces al cardenal Etxegaray a entrevistarse con Sadam Hussein, y a rogarle moderación. Que no diera motivos para una intervención norteamericana.

¿Cómo fueron las cosas con Clinton?

Clinton es una persona más ligera en sus planteamientos. Tuvo una entrevista con Juan Pablo II en Denver, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Se llevaron bien, pero Clinton estaba ya en esos momentos atrapado con el problema de la Lewinski.. En mi opinión, Clinton fue el presidente norteamericano con que menos conectó Juan Pablo II. Sin embargo, Benedicto XVI y Obama han conectado muy bien, como Juan Pablo II con los Bush.

Obama representa un “subidón” para EEUU… ¿La Iglesia Católica en este momento necesitaría un Obama?

Yo me acuerdo que tuve que colaborar con Televisión Española en la toma de posesión de Obama. Efectivamente, en la tertulia que luego informalmente hicimos, al acabar, los cámaras y el locutor estaban asombrados de la abundancia de simbología religiosa en la ceremonia.

Cuatro veces hizo referencia a Dios, dos pastores protestantes pidieron la bendición y rezaron el Padre Nuestro, juró sobre la Biblia de Lincoln… Obama, en este aspecto, estuvo muy distante del prejuicio anticatólico que había en la época Kennedy. De todas formas, es una persona que, aunque es una especie de bomba mediática que atrae mucho, está todavía por hacer. Por ejemplo, el Premio Nobel que le han concedido, creo que es prematuro. Me temo que Obama tiene gran contenido mediático, pero le falta todavía fondo.

¿O sea que puede desinflarse?

Sí. Y, de hecho, en las últimas encuestas se está desinflando. Ha bajado bastante su popularidad entre los norteamericanos. Si lleva a cabo la reforma sanitaria se recuperará.

En cambio, en la Iglesia se mira más. El tiempo de la Iglesia es otro.

En la Iglesia se mira hacia horizontes lejanos, mientras que en política lo que prima es el hoy, lo urgente.

Volviendo a Obama me sonrío cuando hablan de los cien días primeros como presidente. Sin embargo, según los técnicos, para poder familiarizarse con el poder de la Casa Blanca son necesarios al menos, dieciocho meses. Creo que habrá que darle más tiempo a Obama para hacer una evaluación.

¿Qué le parece el Papa Ratzinger?

Benedicto XVI es el Papa de las “sorpresas tranquilas”. Es consciente de que le queda mucho menos tiempo que el que dispuso Juan Pablo II. Conviene no olvidar que Benedicto XVI llega con 20 años más de edad. Por qué hablo de “sorpresas tranquilas” Porque, de pronto, establece un cauce muy interesante —los ordinariatos personales— para acoger a los anglicanos. También inesperadamente “desconecta” el cisma de Lefevre, poniéndolo en vías de satisfactoria aclaración. Es el Papa que afirma que “ser antisemita es ser anticristiano”, o que entiende que la liturgia no puede quedar reducida a la inventiva de cada cura.

Pero es el Papa, también, de los escándalos. El Papa de Ratisbona… ¿Qué le está fallando, mediáticamente, a Benedicto XVI? ¿Se nota la falta de su hermano?

Cada experto, cuando deja un cargo, deja desde luego un hueco. El anterior portavoz lo hizo muy bien. Espero que el actual también lo haga correctamente. La tarea, sin embargo, no debe ser nada fácil. Recuerdo que en una entrevista con Juan Pablo II, coincidimos Joaquín y yo. El Secretario del Papa, D. Estanislao —que es muy bromista— a mitad de entrevista dijo: “Santidad, lo que podemos hacer es que Joaquín se vaya a explicar Derecho a la Complutense, y Rafael se venga aquí a hacer de portavoz”. Siguiendo la broma me negué en redondo diciendo: “No Santidad, que ese trabajo —el de portavoz— debe ser terrible”.

Insisto: ¿cuál es el problema mediático de este pontificado?

No creo que haya un especial problema. En lo que se me alcanza, Lombardi lo está haciendo bien. El único problema es que pueda haber malas interpretaciones.

Pensemos en Ratisbona. Después de ver las reacciones al discurso recuerdo que escribí un artículo que titulé “El Islam no está contra el Papa”. La realidad es que los que organizaron el alboroto fueron más bien políticos musulmanes con problemas en sus países: el rey de Marruecos o Erdogan en Turquía, que aprovecharon el tema de Ratisbona para crear un conflicto y atraerse a los más extremistas de sus países. Pero la gente sólida como algunas autoridades religiosas que asistieron en Kazajstán, a un congreso inter-religioso, después de estudiar el tema, entendieron que no hubo un verdadero problema. Respecto al tema del lefevbrista Williamson, efectivamente, hubo poca información acerca de sus desenfocadas opiniones sobre el Holocausto, pero fue un hecho aislado.

Aunque usted excusa, la verdad es que el propio Papa hizo pública una carta amarga quejándose de las interpretaciones sesgadas. en torno a sus actuaciones

Sí, fue algo bastante inédito. Pero su queja se refería a hechos injustos de algunos medios y de algunos focos católicos que se habían quedado en la superficie de los acontecimientos, no yendo al fondo.

¿Es culpa, entonces, de los medios, que interpretan mal? ¿O es que están a la caza de la Iglesia?

La Iglesia siempre es noticia, y las noticias mueven a los medios. Yo me acuerdo de un director de periódico que me decía en una ocasión: “Mira, que 100 obispos sean fieles al Papa no es noticia. Sin embargo, que un obispo se salga de la ortodoxia, sí que lo es”. Esas son las reglas del juego, nos gusten o no. Todos debemos acostumbrarnos a ellas. En nuestro trabajo profesional diario, los laicos que estamos en habitual relación con los medios, aceptamos esas reglas y encajamos las críticas y el debate. También los medios eclesiásticos han de acostumbrarse a encajar con deportividad las críticas y a poner al mal tiempo, buena cara.

Su hermano acaba de estar en España para dar una “clase” a los obispos, que lo acogieron muy bien. ¿la Iglesia española, también, en ese sentido, tendría que afinar sus mecanismos de comunicación con la sociedad?

Bueno, los mecanismos de comunicación son necesarios en todos los centros de influencia de un país (sindicatos, poder político, partidos, etc.).), y todos necesitamos afinarlos. Sobre todo, adaptarnos a la tremenda velocidad con que nacen y se transforman las noticias. Es natural que la Iglesia también haga ese esfuerzo de adaptación. A mí me parece que lo está haciendo cada vez mejor, pero hay que pensar que el deber de la Iglesia no es tanto que el mundo la admire, cuanto, a veces, ser su voz crítica. Muchas veces, esa crítica a algunos les parece no políticamente correcta.

Una adaptación a la sociedad y a los medios que, sin embargo, la Obra a la que usted pertenece, el Opus Dei, realiza a las mil maravillas. Incluso con recientes polémicas (el Código Da Vinci…).

En la Obra hay periodistas profesionales acostumbrados al debate y la crítica. Pero las cosas no son fáciles para ninguna institución. Tampoco para la Obra. La idea es que hay que “hacer, del limón, limonada”. Es decir, que cuando se levantan vientos contrarios, hay que procurar sacar del huracán su parte positiva. La realidad es que si aguantas, con buen humor y sentido profesional, nada se hunde. La Iglesia tiene siglos de experiencia y pervivencia, mientras que la anécdota política o crítica es un tema de un día o dos, y se acabó. Hay que pensar que “el hombre (y la noticia) del día, es el hombre (y la noticia) de un día”.

¿El Vaticano y EEUU están condenados a entenderse?

Condenados, no sé, obligados, desde luego. Tras la entrevista de Benedicto XVI con Obama, se ha notado cómo, por ejemplo, la política pro-aborto de Obama, o el tema del matrimonio, ha sufrido una variación. Yo he seguido de cerca los planteamientos de la delegación de la Administración Obama en la ONU y las últimas medidas en relación con la Ley Sanitaria de Obama, y se ve cómo ha frenado. Una vez que tomó posesión comenzó diciendo: “Daré fondos federales para el aborto, para las células madre…”. Sin embargo, ahora, en su discurso ante las dos Cámaras, ha rectificado: no habrá fondos federales para el aborto, y protegerá la objeción de conciencia de los médicos —ha dicho—”de un modo vigoroso”. Que es, por cierto, lo que habría que hacer en España ahora mismo. Porque la objeción de conciencia, —un derivado necesario de la libertad de conciencia— es la estrella polar de nuestro ordenamiento.

Objeción de conciencia que parece que va a recoger la nueva Ley de Libertad Religiosa, aunque todavía no se conoce por dónde va a ir.

No se sabe, efectivamente. Lo único que puedo decir es que la reciente Ley de Libertad Religiosa de Portugal sí la ha recogido expresamente: “la libertad de conciencia comprende el derecho de objetar el cumplimiento de las leyes que contraríen los dictámenes inexcusables de la propia conciencia”. Esta declaración tiene gran importancia, porque crea un marco general de referencia. Esperemos que, en España, el poder siga el ejemplo portugués y proteja adecuadamente a las minorías, entre las que se cuentan los grupos objetores.

¿Zapatero está intentando arrinconar a la Iglesia, meterla en la sacristía, que no tenga presencia pública e influencia social?

Yo creo que Zapatero tiene la idea de que el Estado tendría que ser el depositario de unos valores “políticamente correctos”, que la Iglesia tendría necesariamente que aceptar. Lo característico de la época de Zapatero es que los “incidentes” en la delgada línea fronteriza Iglesia/Estado han proliferado demasiado. Es un error. La democracia española está convirtiéndose en un mecanismo sensible a unas cuestiones e insensible a otras. Una zona de sensibilidad dormida es la de los valores morales y religiosos. Sin embargo, lo característico de las verdaderas democracias es potenciar todas las sensibilidades. Hay que dejar libre a la sociedad civil para que ilumine esas zonas de sensibilidad dormida a las que el Gobierno parece no atender.

¿Y la respuesta estratégica de la Iglesia ha sido la correcta? El hecho de que los obispos, capitaneados por el cardenal Rouco, hayan salido a la calle con una pancarta en ciertas ocasiones, y hayan plantado cara, y —como algunos dicen— se hayan convertido en la oposición real a Zapatero, ¿es una estrategia válida?

Antes de hablar de estrategia hay que saber cuáles son las “cuestiones de gabinete” que el Papa ha delimitado y sobre las cuales los católicos no pueden echarse atrás, que son: familia, educación, matrimonio y pobreza, Porque la pobreza —ha dicho el Papa— no es una cuestión de filantropía, sino que luchar contra ella es un mandato divino. Por eso la Iglesia tiene que potenciar la solidaridad.

¿Que de vez en cuando hayan salido algunos obispos a la calle…? Bueno, esto pasó también con Desmond Tutu cuando se opuso al tema del apartheid en Sudáfrica. Pasó con Martín Lutero King que, siguiendo la doctrina cristiana de la filiación divina, en su famoso discurso en Washington, abogó por la igualdad entre negros y blancos. Ambos fueron galardonados con el Nobel. Los obispos en España, en uso de su libertad, salen a la calle como en África hizo Tutú o en América Lutero King. Nada de qué extrañarse. La calle es de todos, siempre que se ocupe con serenidad y potenciando el bien común.

¿Porque Zapatero y Rouco también están condenados a entenderse?

Es evidente. Rouco y el Magisterio son conscientes de que el poder tiene una serie de mecanismos mediante los cuales puede potenciar los valores; y el poder civil sabe —si no es tonto— que esos valores religiosos hacen buenos ciudadanos y ayudan a coser las heridas del tejido social.

Por tanto, una política de mano tendida, como la que hubo en España en el año 78 entre la Iglesia y el Estado, es lo que debería potenciarse. Desde luego, con separación respetuosa, lo que los americanos llaman neutralidad benevolente.

¿Algún otro libro ya en el pensamiento?

Acabo de coordinar con otros colegas un análisis técnico, de mil páginas, sobre la Ley de Libertad Religiosa. Se llama La regulación legal de la libertad religiosa en España, lo ha editado IUSTEL y acaba de aparecer.

Es un tema que va a estar muy de moda.

Desde luego y es un libro muy plural. Cerca de 40 profesores universitarios hacemos un análisis de la Ley, y de la conveniencia o no de su reforma. Al tiempo, nos detenemos en todos los temas litigiosos entre la Iglesia y el Estado en España

Pues nos comprometemos a una entrevista sobre ese libro cuando esté la nueva Ley de Libertad Religiosa, que parece que está a punto de salir.

Don Rafael, ha sido un placer. Muchas gracias.

Gracias a usted, querido colega.

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Publicado por en junio 7, 2010 en Uncategorized

 

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