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Archivos Mensuales: octubre 2010

Enseñar a pensar

La verdad suplantada por ideologías: el pensamiento por el sentimiento
Autor: Antonio Orozco | Fuente: Ideas Claras

 

No hace mucho tiempo, Juan Pablo II se dirigía a los jóvenes, en Francia, con las siguientes palabras: “¡Aprended a reflexionar más y más, aprended a pensar! Los estudios que hacéis deben ser un momento privilegiado de aprendizaje para la vida del espíritu ¡Desenmascarad los slogans, los falsos valores, los espejismos, los caminos sin salida!”

¿Acaso los humanos no estamos pensando siempre? El Papa parece indicar que no tanto como creemos. Pensar, ponderar, pondus. “Pensar” sugiere algo de peso: gravedad, consistencia, seriedad, solidez.

Lo más grave

¿Qué es lo más grave que sucede hoy en día? Recuerdo una lección del profesor Leonardo Polo, en la que aseguraba que lo lo más grave que hoy sucede es que no sucede el pensar. Y a la vuelta de seis lustros parece que el diagnóstico sobre la situación de nuestra sociedad sigue siendo el mismo: se “pasa” de pensar.

Julián Marías ha advertido que esta sociedad peca de omisión en el pensamiento. ¿Cuántos filósofos de finales del siglo XX – se pregunta-, serán estudiados en los manuales del siglo próximo?
Esta crisis, aunque parcial, se manifiesta también en los hábitos del ciudadano medio: pocos leen un artículo de periódico que desarrolle algún tema de pensamiento; esto es frecuente incluso entre personas que tienen enmarcado un título universitario.

La verd ad suplantada por ideologías: el pensamiento por el sentimiento

El pensamiento acerca de la verdad de las cosas ha sido sustituido por ideologías que hacen agua apenas nacen. De otra parte, lo que parece interesar más en la actualidad es no el pensamiento sino lo que alguien ha llamado con humor y acierto, “sensamiento”. Se presta mucha atención a lo que “se siente”, si se siente mucho o se siente poco, si lo siento o si no lo siento. Es un modo de vivir sobre fundamentos inconsistentes e inestables; un modo de discurrir un tanto irracional, porque procede de vacíos del alma y se desarrolla en la epidermis de la existencia, o en los espacios etéreos de la ficción o del formalismo verbal y la logomaquia.

No se piensa en lo que hay y en lo que son en el fondo las cosas. No se piensa por ejemplo si esto o aquello es “medio” o “fin”. Se renuncia a proseguir aquella tarea emprendida con tanto entusiasmo cuando é ;ramos niños: averiguar hasta el último porqué de las cosas. ¿No es cierto -como escribió José María Albareda- que “hay algo en las cosas que las convierte en cautivadora estancia del pensar”? Sin embargo, lo que dijo San Anselmo, que “sólo unos pocos piensan en la verdad de las cosas”, parece ser una constante histórica.

Quizá suceda porque debemos “aprender a pensar” y no se enseña suficientemente, cuando ambas cosas constituyen un importante deber. En frase de Alejandro LLano, “pensar, enseñar a pensar, aprender a pensar, es la triple obligación de la inteligencia”. Se trata sin duda de una obligación estrictamente moral, pues la razón es la facultad que Dios nos ha dado para descubrir el bien y regir toda nuestra conducta.

¿Por qué a menudo hay miedo a pensar, miedo a la luz y a la libertad del pensador auténtico? Quizá porque cualqui er rayo de luz nos guía hacia el sol, y no siempre el hombre se encuentra dispuesto a interesarse por la fuente de la luz y de la vida que puede saciar su más profunda sed.

En que consiste pensar bien

“El pensar bien -dice Balmes, con acierto- consiste, o en conocer la verdad, o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas… “Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad?

“El buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no más de lo que hay. Ciertos hombres tienen talento para ver mucho en todo; pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay. Una noticia, una ocurrencia cualquiera, les suministran abundante materia para discurrir con profusió ;n, formando, como suele decirse, castillos en el aire. Estos suelen ser grandes proyectistas y charlatanes.

“Otros adolecen del defecto contrario; ven bien, pero poco; el objeto no se les ofrece sino por un lado; si este desaparece, ya no ven nada. Estos se inclinan a ser sentenciosos y aferrados en sus temas. Se parecen a los que no han salido nunca de su país: fuera del horizonte a que están acostumbrados, se imaginan que no hay más mundo.
Un entendimiento claro, capaz y exacto, abarca el objeto entero; le mira por todos sus lados, en todas sus relaciones con lo que le rodea. La conversación y los escritos de esos hombres privilegiados se distinguen por su claridad, precisión y exactitud. En cada palabra encontráis una idea, y esta idea véis que corresponde a la realidad de las cosas. Os ilustran, os convencen, os dejan plenamente satisfechos; decís con entero entendimiento: “sí, es verdad, tiene raz&oacu te;n”. Para seguirlos en sus discursos no necesitáis esforzaros; parece que andáis por un camino llano, y que el que habla sólo se ocupa de haceros notar con oportunidad los objetos que encontráis a vuestro paso. Si explican una materia difícil y abstrusa, también os ahorran mucho tiempo y fatiga (…)

“Echase pues de ver que el arte de pensar bien no interesa solamente a los filósofos, sino también a las gentes más sencillas. El entendimiento es un don precioso que nos ha otorgado el Criador, es la luz que se nos ha dado para guiarnos en nuestras acciones; y claro es que uno de los primeros cuidados que debe ocupar al hombre es tener bien arreglada esta luz. Si ella falta nos quedamos a oscuras, andamos a tientas; y por este motivo es necesario no dejarla que se apague. No debemos tener el entendimiento en inacción con peligro de que se ponga obtuso y estúpido; y por otra parte, cuando nos proponemo s ejercitarle y avivarle, conviene que su luz sea buena para que no nos deslumbre, bien dirigida para que no nos extravíe”

Es obvio que una de las más importantes facetas de la educación -si no la que más- es la del pensamiento, pues al intelecto toca regir la conducta humana toda, llevarla a buen fin, a buen puerto, al Fin final que da sentido a todo el existir

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Publicado por en octubre 18, 2010 en Uncategorized

 

Feliz día de la madre, a todas las madres

 

Proverbios 1, 8-9

8 Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre

y no desprecies la lección de tu madre:

9 corona graciosa son para tu cabeza

y un collar para tu cuello.

 

Mateo 12, 47-50

47 Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte».

48 Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?»

49 Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.

50 Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

 

La interpretación de los Padres es general en cuanto a destacar que no se debe entender por esa frase un rechazo a la Madre de Jesús. Más bien, son muchos los que destacan que se trata de una alabanza a la Virgen Santísima. ¿Quién mejor que Ella ha escuchado el designio de Dios y lo ha puesto por obra? Precisamente, el mensaje del pasaje resulta claro si se lee en dos planos. Uno primero, en el que se da importancia al aspecto biológico, que Jesús esclarece remitiéndolo a la más importante unión espiritual. La Madre queda así adherida públicamente a la familia escatológica de los discípulos de Jesús, de los cuales Ella es la primera y más aventajada de todos. Esta enseñanza ha sido cada vez más esclarecida por la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo. La presencia de María y sus parientes, en el pasaje, sirve como una especie de disparador de la gran lección que destaca que María, su Madre, es importante para su misión principalmente por que pronunció el “Fiat” y es modelo ejemplar de quien escucha la palabra divina y la pone permanentemente por obra. Aparece así como trasfondo de las palabras que Ella es Madre y Modelo ejemplar de todos los discípulos.

 
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Publicado por en octubre 17, 2010 en Uncategorized

 

Visita al Convento Mater Dei de Quines

    Cuando salimos rumbo al convento de Quines, les comenté a los seminaristas algo que habíamos leído en clase sobre los reinados de David y Salomón, que a continuación transcribo:

El reino de David ha sido un tiempo de combates y de humillaciones; el de Salomón, un tiempo de paz y de esplendor. David siempre está en campaña; su misión histórica es reducir a los enemigos de Israel, y asegurar al pueblo la libertad necesaria para que pueda servir fielmente a su Dios. En esto prefigura a Cristo, quien debió luchar contra el enemigo infernal y vencerlo, expulsando al Príncipe de este mundo y liberando a los hombres de su esclavitud. David no pudo construir el Templo por causa de las guerras, hasta que Yavéh al fin de su gobierno, puso a todos sus enemigos bajo sus pies1, prefigurando así el actual Reino de Cristo, que será un reino de lucha hasta que el Señor acabe por poner a todos sus enemigos bajo sus plantas2. Por el contrario, Salomón -que significa el Pacífico- puede decir a Hiram, rey de Tiro : “Tú sabes que David, mi padre, no pudo hacer casa para Yavéh, su Dios, por las guerras que tuvo en torno, hasta que Yavéh los puso bajo la planta de sus pies. Ahora Yavéh, mi Dios, me ha dado la paz por todas partes: ni tengo enemigos ni querellas”3 , Es que en verdad “tenía el dominio sobre toda la tierra, del lado de acá del río . . . y tuvo paz por todos lados en derredor suyo. Judá e Israel habitaban seguros, cada uno debajo de su parra y de su higuera, desde Dan hasta Beerseba, durante toda la vida de Salomón”4.

Es, en el fondo, el cumplimiento de la promesa que Yavéh hiciera a David: “He aquí que te nacerá un hijo, que será hombre de paz, y a quien yo daré paz, librándole de todos sus enemigos en derredor. Su nombre será Salomón y durante su vida haré venir yo sobre Israel la paz y la tranquilidad”5. Pareciera como si en el gobierno de Salomón ya no hubiera contradictor: presagio de los tiempos escatológicos en los cuales el Maligno adversario será del todo impotente. David ha presagiado de manera notable sobre todo las humillaciones de Cristo6: como Jesús, David, combatido por su hijo Absalón, sale de la ciudad, franquea el Cedrón, y atraviesa el Monte de los Olivos; como Jesús, es insultado y burlado por aquellos mismos con quienes había hecho gala de su bondad. Y así como David, después de esas humillaciones, retornó a su trono con un esplendor todavía mayor, así Cristo, después de su agonía y de su cruz, vuelve a entrar en su Reino de resurrección7.

Tales humillaciones son totalmente insólitas en el reino de Salomón, el cual nunca aparece como un rey humillado y dolorido, sino por el contrario, como un soberano glorioso, feliz y en paz, con la suma del poder. Su consagración, obrada por la doble autoridad del sacerdote (Sadoq) y del profeta (Natán), ya es por sí misma una imagen de plenitud. Su reino es de gloria y triunfo total, ya que se caracteriza por la total coincidencia del poder y de la sabiduría, coincidencia que es una cualidad específica de la condición escatológica. En la tierra, generalmente, no se alían el poder y la sabiduría.

 

    Lo que más me había llamado la atención era la última oración: “En la tierra, generalmente, no se alían el poder y la sabiduría.” Y esto a raíz de un artículo que acababa de leer, http://www.lanueva.com/edicion_impresa/nota/7/10/2010/aa7005.html , les dejo las consideraciones personales a cada uno.

 

    Lo cierto que continuamos nuestro viaje hasta Quines. Luego de una feliz recepción y almuerzo, descansamos un poco y a las 17 hs., celebramos la Santa Misa, la memoria de Ntra. Sra. del Rosario, ocasión más que oportuna para hablar de la filiación divina, de la paternidad y maternidad.

    El Evangelio del día, nos hablaba de la insistencia para pedir a Dios lo que necesitamos y la imagen patente del padre que a pesar de ser malo da cosas buenas a sus hijos, contrapuesto con la imagen de Dios Padre, que siempre dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan, el Don de dones.

 


 

 
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Publicado por en octubre 8, 2010 en Uncategorized

 

El Mensaje Salvador

Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte :

– Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles.

Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total,

y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre.  Tiene que ser un mensaje pequeño,

de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados,

peor darle un mensaje de no mas de tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total…

Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que  también había sido sirviente de su padre.

La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia.

El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó.  Y éste le dijo:

-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje.

Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente,

y en una ocasión me encontré con un místico.  Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio.

Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje -el anciano lo escribió en un diminuto papel,

lo dobló y se lo dio al rey-.  Pero no lo leas -le dijo- mantenlo escondido en el anillo.

Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-

Ese momento no tardó en llegar.  El país fue invadido y el rey perdió el reino.

Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían.

Estaba solo y los perseguidores eran numerosos.  Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida:

enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin.

Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino.

Ya podía escuchar el trotar de los caballos.  No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino…

De repente, se acordó del anillo.  Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:

Simplemente decía  “ESTO TAMBIEN PASARA”.

Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio.

Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino,

pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido.

Aquellas palabras habían resultado milagrosas.

Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino.

Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes…

y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:

-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

-¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-.

Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
-Escucha -dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas;

también es para situaciones placenteras.  No es sólo para cuando estás derrotado;

también es para cuando te sientes victorioso.  No es sólo para cuando eres el último;

también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz,

el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba,  pero el orgullo, el ego, había desaparecido.

El rey pudo terminar de comprender el mensaje.  Se había iluminado.

Entonces el anciano le dijo:

-Recuerda que todo pasa.  Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes.

Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza.

Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

Pbro. Federico F. Kunz.
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Publicado por en octubre 6, 2010 en Uncategorized